Thursday, March 28, 2013

Ejercicio de Lectio Divina de JN. 18, 1-19, 42. Viernes Santo.

 

Padre nuestro.
 
   Viernes, 29/03/2013, Viernes Santo en la Pasión del Señor.
 
   Jesús nos vivificó por medio de su Pasión, muerte y Resurrección.
 
   Ejercicio de lectio divina de JN. 18, 1-19, 42.
 
   1. Oración inicial.
 
   El Viernes Santo no celebramos la Eucaristía, porque conmemoramos la Pasión y muerte de Jesús. Tal conmemoración se lleva a cabo por medio de la celebración de la Pasión del Señor, que ha de vivirse en torno a las tres de la tarde, -la hora en que murió el Mesías-. En dicha celebración, recordamos la Pasión y muerte de Nuestro Salvador, y adoramos la cruz de Jesús, -el trono desde el que el Señor ejerce su misión real-. Dado que la lectio divina consiste en meditar y rezar la Palabra de Dios, vamos a realizar el presente ejercicio, meditando el Evangelio correspondiente, a la citada celebración.
 

Wednesday, March 27, 2013

Ejercicio de Lectio Divina de JN. 13, 1-15. Jueves Santo.


   1. Oración inicial.
 
   Iniciemos nuestro encuentro de oración, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
 
   R. Amén.
 
   Al iniciar la celebración eucarística de la tarde del Jueves Santo, damos por concluido el tiempo de Cuaresma, e iniciamos la celebración del Triduo pascual. Recordemos que el calendario litúrgico de la Iglesia está inspirado en el calendario judío, según el cual, al ponerse el sol, se inicia un nuevo día. La primera celebración del Triduo pascual, es la conmemoración de la última Cena de Jesús con sus discípulos, en la que instituyó los Sacramentos de la Eucaristía y el Orden sacerdotal, y nos dio el Mandamiento de la caridad, por cuya existencia, el dinero que se recoja en las colectas de las Misas que se celebren en todo el mundo, será destinado, a hacer obras de caridad.
 
   Contemplemos a Jesús celebrando su última Cena pascual con aquellos de

Tuesday, March 19, 2013

La Oración Personal


    En la oración personal se habla con Dios como en la conversación que se tiene con un amigo, sabiéndolo presente, siempre atento a lo que decimos, oyéndonos y contestando. Es en esta conversación íntima, como la que ahora intentamos mantener con Dios, donde abrimos nuestra alma al Señor, para adorar, dar gracias, pedirle ayuda, para profundizar en las enseñanzas divinas.


I. Muchos pasajes del Evangelio muestran a Jesús que se retiraba y quedaba a solas para orar. Era una actitud habitual del Señor, especialmente en los momentos más importantes de su ministerio público. ¡Cómo nos ayuda contemplarlo! La oración es indispensable para nosotros, porque si dejamos el trato con Dios, nuestra vida espiritual languidece poco a poco. En cambio, la oración nos une a Dios, quien nos dice: Sin Mí, no podéis hacer nada (Juan 15, 5). Conviene orar perseverantemente (Lucas 18, 1), sin desfallecer nunca. Hemos de hablar con Él y tratarle mucho, con insistencia, en todas las circunstancias de nuestra vida, sabiendo que verdaderamente Él nos ve y nos oye. Además, ahora, durante este tiempo de Cuaresma, vamos con Jesucristo camino de la Cruz, y “sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!” (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino). Quizá sea la necesidad de la oración, junto con la de vivir la caridad, uno de los puntos en los que el Señor insistió más veces en su predicación.

LA SANTA SÍNDONE: TESTIMONIO DE LA PASIÓN


Hay una contemplación muy especial de la Pasión del Señor, que nos sobrecoge especialmente en nuestros tiempos, dominados por la ciencia y la técnica. Es la consideración de la Santa Síndone de Turín; también llamada Sábana Santa o Santo Sudario.
Este es un lienzo de lino rectangular, de 4,36 m. de largo y 1,10 m. de ancho. Sobre un mismo lado de la tela están impresas las huellas frontales y dorsales de un hombre muerto después de haber sido crucificado. La tradición lo ha identificado con aquella sábana limpia, comprada por José de Arimatea, en la que Jesús fue envuelto para la sepultura (Mt 27,59) y que Juan y Pedro encontraron en el sepulcro la mañana de la Resurrección del Señor (cf. Jn 20,5-8)

JUAN PABLO II, EN SU VISITA A LA SANTA SÍNDONE


(TURÍN, 24 DE MAYO DE 1998)

Lo que cuenta sobre todo para el creyente es que la Sábana Santa es un espejo del Evangelio. De hecho, si se reflexiona sobre el sagrado lienzo, no se puede olvidar que la imagen que se encuentra presente en él tiene una relación tan profunda con lo que narran los cuatro Evangelios sobre la pasión y muerte de Jesús que cada hombre sensible se siente interiormente tocado y conmovido al contemplarla. Quien se acerca a ella es consciente también de que la Sábana Santa no sólo impresiona el corazón de la gente, sino que hace referencia a Aquel a cuyo servicio la ha puesto la Providencia amorosa del Padre. Por lo tanto, es justo alimentar la conciencia de la preciosidad de esta imagen, que todos ven y que nadie puede explicar por ahora. Para toda persona profunda es motivo de hondas reflexiones que pueden llegar a implicar la vida.

ORACIÓN AL CRISTO DOLIENTE

No me mueve mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte,

Muéveme en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar por que te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.

No me mueve mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte,

Muéveme en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar por que te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.

EL ENFERMO JUNTO A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



HOMBRE DE DOLORES Y SUFRIMIENTOS

ACOMPAÑANDO CON LOS SALMOS A CRISTO QUE SUFRE POR TI
 
(Puedes pensar en Cristo sufriente mientras lees estos textos del Antiguo Testamento que hablan del Mesías de Dolores)

SALMO 22


(Salmo que recitó Jesús en la Cruz)


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día clamo, y no respondes,
también de noche, no hay silencio para mí.