Saturday, March 19, 2011

Dieta Para Dejar de Fumar.

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Dieta Para Dejar de Fumar.

Nunca es tarde para dejar de fumar. Si has fracasado en todos tus intentos para abandonar este mal hábito, todavía no des la batalla por perdida porque aquí te proponemos más consejos para ayudarte. Y esta vez los trucos para dejar de fumar vienen por el lado de los alimentos que consumes.

Así como hay dietas vegetarianas, dietas para adelgazar o dietas para engordar, también los fumadores pueden seguir un plan de alimentación específico para librarse poco a poco de la adicción al cigarrillo. ¿Eres un fumador desesperado por dejar? Conoce la dieta para dejar de fumar que te damos a conocer a continuación.

Aquí está la lista de alimentos que te ayudarán a dejar el cigarrillo.

    * Leche, yogur u otros productos lácteos. ¿Sabías que un vaso de leche antes de fumar hace que el sabor del cigarrillo sea muy desagradable? Si bebes productos lácteos con frecuencia, tendrás menos ganas de fumar porque recordarás ese gusto amargo asqueroso. De hecho, muchos expertos recomiendan mojar los cigarrillos en leche para despegarnos de este hábito.

    * Jugo de naranja. La adicción al tabaco genera pérdida de vitamina C en el organismo, que se acostumbra en cambio a las sustancias tóxicas que aporta la nicotina. Si consumes más jugos naturales, como jugo de naranja, limón o de otras frutas cítricas, tu cuerpo recuperará las vitaminas que necesita y al mismo tiempo se librará de la dependencia a la nicotina.

    * Apio. El apio es un truco para dejar de fumar porque, al igual que otros vegetales como el pepino, la calabaza, las berenjenas y las judías, también afecta el sabor del cigarrillo. Además, los especialistas aseguran que reduce la adicción a la nicotina.

    * Brócoli. Este alimento es muy poderoso para todos, pues disminuye los riesgos de enfermedades pulmonares, incluyendo el cáncer de pulmón. Sin embargo, los fumadores no pueden beneficiarse demasiado de ello porque la nicotina reduce el efecto del sulforafano, el componente del brócoli que protege los pulmones.

    * Vino tinto. Ya te hemos hablado de los beneficios del vino tinto. Aquí repasamos uno: disminuye el peligro de cáncer de pulmón en fumadores y no fumadores. Bebe una copa de vino al día, no más, para disfrutar de sus beneficios sin caer en el alcoholismo.

Wednesday, March 16, 2011

SANACIÓN DE LOS MORIBUNDOS.

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SANACIÓN DE LOS MORIBUNDOS.

Este tema es un poco extenso pero considero que es uno de los mas importantes de los que les he presentado en este Blog. Pongase en la presencia de Jesus de la Mano de nuestra Madre Maria y vaya entendiendo y comprendiendo cada paso que a continuacion se escriben.


Tal vez suene algo extraño hablar de la sanación de alguien que inevitablemente va a morir. Muchas veces, o la mayoría de ellas, evitamos hablar de la muerte. Pero evidentemente tendremos que enfrentarnos a ella, en el momento precisado por Dios.


No es un tema que se pueda tratar a la ligera, y por ello hemos querido basarnos en las experiencias de 3 hermanos dedicados a la oración de sanación, Mary Jane Linn, Matthew Linn, y Dennis Linn, reconocidos en el tema de la sanación.


Las palabras y los hechos de Jesús cuando murió, son las que mejor describen, no sólo lo que Jesús necesitaba, sino lo que cada hombre necesita antes de morir.


Puesto que era Dios y hombre, necesitaba vivir como hombre plenamente "sanado" antes de estar preparado a morir. Las últimas siete palabras y actos de Jesús lo ayudaron a su sanación absoluta.


A través de la experiencia de los autores, veremos cómo acompañar a los moribundos, para que sean llevados por Jesús, en sus últimas siete palabras o actos, a fin de que también ellos mueran plenamente realizados y sanados.


PRIMERA PALABRA:


"PADRE PERDÓNALES PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN" (Lucas,23,34)


Esta primera palabra hizo que Jesús fuera un hombre de completo perdón, un hombre logrado y sanado en el área del perdón.


El moribundo necesita, también, ser un hombre sanado en el área del perdón, para verse libre y liberado. Es una necesidad natural para lo cual hay que intentar ayudarle.


Para poder entender el mundo de los moribundos, comienza tú a enfrentarte al propio miedo a la muerte.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


Estas preguntas ayudarán a concientizar nuestros sentimientos sobre el tema.


1. -¿Hay alguien a quién ahora necesito perdonar?


2. -¿En qué aspectos de mi vida necesito el perdón?


1. Estas reflexiones se pueden realizar haciendo una lista de los que piensa, que le hubieren dañado. Padres, hermanos, hijos, maestros, patrones, empleados, médicos, enfermeras, amigos, etc.etc
2. Cuando recuerde un rostro por quién no siente gratitud, dígale a Jesús por qué se siente así. Luego pídale el don de poder amar a esa persona como Él lo hace.
3. Intente visualizar los ojos de Jesús crucificado e interiorizarse en ellos, uniéndose a los que le han herido. "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen "
4. Véase abrazando a esa persona con el amor de sanación de Jesús, y pídele que bendiga a esa persona.
5. Esto repítalo con la siguiente persona.


ORACIÓN


Señor Jesús, aún aquellos a quienes curaste, gritaron "crucifícalo", y te clavaron en la cruz de pies y manos. Tus doce mejores amigos te traicionaron, te negaron o se escabulleron hacia los vértices seguros de la multitud mofante. Pero aun cuando te escupían, tratabas de amar más a aquellos que se encontraban tan heridos e inseguros que no dejaban de darte golpes. Y cuando las ondas dolorosas sacudían tu cuerpo desafiaste el amor del Padre para curar a los resentidos que ni siquiera lo podían entender. "Padre, perdónales porque no saben lo que hicieron". Jesús, concédeme decirlo contigo hasta que me sienta capaz de abrazar a cada persona que te hirió dentro de mí. Entonces deja que los sostenga y los llene con tu amor de sanación, hasta que realmente sepan que tú y yo daríamos nuestras vidas por ellos.


SEGUNDA PALABRA:


"HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO" (Lucas 23,43)


Jesús entregó el paraíso, antes de morir, al Ladrón que se sacrificaba a su lado; no pudo hacerlo ni a Pedro, ni a ninguno de sus discípulos, sino al ladrón, ante una petición que éste le hizo: "acuérdate de mí, cuando estés en tu reino"; y le dio la vida eterna.


Me he dado cuenta, nos dice el autor, al estar con los moribundos, de que antes de que puedan morir, deben, por decirlo así, reunir su paraíso y dárselo a alguien. La persona necesita vaciarse de lo que constituye su paraíso. Para cada persona este paraíso es algo distinto; puede ser su vida cultural, su trabajo, creatividad, arte, e incluso una oración para su familia. Y lo quieren expresar a alguien que les entienda; pero no siempre pueden escoger a quién se lo entregue. La mayoría de las veces, como en el caso de Jesús, lo entregó a quién tenía a su lado. Y al entregarlo, queda un vacío que Jesús lo llena con la vida eterna.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


1.-¿ Qué Paraíso me pertenece para poder darlo?


2.-¿A Quién se lo daré?


3.-¿ Qué he recibido de alguien que haya muerto?


1. Pide a Jesús que te muestre lo que te ha dado, para que tú lo pases más adelante.
2. Pídele que puedas ver los rostros de los que necesitan lo que tú puedas dar.
3. Deja que Jesús te muestre cuándo y cómo has de dar lo que te pide que des.
4. Repite este ejercicio con otras cosas o encargos que Jesús quisiera que tú pasaras más adelante.


ORACION


Jesús, en tu último día, entregaste muchas cosas. Diste tu casa del Paraíso a un ladrón, tus vestidos a unos soldados, y hasta tu retrato a la Verónica que te limpió el rostro. En la última cena diste tu vida y tu misión de reunirnos en un solo Cuerpo, y lavaste nuestros pies para que unos con otros hiciéramos lo mismo.


Jesús, muéstrame qué es lo que puedo pasar a otro: mis tesoros, una palabra alentadora, los pocos medios con los que puedo servir y con los que puedo animar a otros a servir.


No permitas que sólo vea a mis amigos, sino también el rostro del extraño ladrón que necesita lo que pueda compartir con él. Ayúdame a dar un poco de paraíso hoy mismo.


TERCERA PALABRA:


"MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. AHÍ TIENES A TU MADRE" (Jn19,27)


Muchas veces no sabemos, o creemos no necesaria nuestra presencia junto al hermano moribundo. Momentos en que, tal vez, seamos depositarios de los deseos y "tesoros" del moribundo y que él quiere entregar. O puede ser la petición de ver a un familiar para decirle algo, o simplemente verlo.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


1. - ¿Quién está esperándome?


2. -¿A quién voy a esperar?


3. -¿Qué espero decirles?


4. -¿Qué espero que me digan?


1. Pide a Jesús que te muestre los rostros de los que te han amado y moldeado a través de los años. Da gracias por el regalo que es cada uno de ellos para ti.
2. De entre esos rostros escoge a la persona a quien más difícilmente dejarás. En tu interior toma de la mano a esta persona y comparte con Jesús lo mucho que la quieres.
3. Después de todo eso, pon esa mano en las de Jesús y María, y pídeles que cumplan con los deseos de tu corazón.
4. Cuando sientas que Jesús y María aman a esta persona aún más de lo que tú puedes, permíteles que le tomen bajo su protección y cuidado.
5. Repite esto con la siguiente persona que te parezca más difícil de dejar.


ORACIÓN


Jesús, tu madre María fue la primera y la última que te amó. Conservó siempre en su corazón los recuerdos de tu sonrisa, y meditó cada una de tus palabras. Conoció tus secretos como cuando convertiste el agua en vino, a pesar de que todavía no llegaba tu hora. Vivió solo para ti. No había nadie que te amara tanto o se condoliera tanto cuando colgabas de la Cruz. Tú quisiste darle tu más grande tesoro en la tierra y le entregaste a Juan, tu mejor amigo, para que tú le siguieras amando en la forma que ya no podías hacerlo. "Hijo, he ahí a tu madre, Madre, he aquí a tu hijo". Jesús, permíteme ver los rostros de los que me han amado a través de los años. Enséñame a los que ríen cuando yo río, a los que lloran cuando lloro, a los que más me extrañan. ¿A quién me dolerá más dejar? María y Jesús, les doy a esta persona, mi tesoro. Permíteme que les diga cómo quiera que amen y protejan a mi amigo. Muéstrame cómo sostendrán sus manos para siempre.


CUARTA PALABRA:


"DIOS MIO, DIOS MIO, ¿PORQUÉ ME HAS ABANDONADO? (Mateo 27,46)


Cuando Jesús moría, se angustió, y su angustia debía ser escuchada.


Esta es la angustia que sufre quién está a punto de morir. El miedo a morir, la depresión mental, la tristeza y el desaliento que experimenta, el sentirse debilitado progresivamente, hace que le surjan autoacusaciones y torturas interiores.


Quienes están, en esos momentos cruciales, ayudándoles, escuchándoles, recibiendo sus sentimientos de miedo, de ansiedad, de angustia, de soledad, orando junto a ellos, en situaciones físicamente desagradables, pueden llegar a sentir, rechazo, repugnancia, cansancio, deseos de no volver más, porque experimentan también ellos, ese momento final. Ese sentimiento de repugnancia es lo que hace a muchas personas no acercarse a los moribundos. Son momentos de sacar fuerzas del dulce nombre de Jesús, Jesús, Jesús, para poder conseguir nuevamente la paz interior. Es también necesaria una oración, pidiendo al Señor que libere al enfermo del miedo, angustia, etc. y le conceda la gracia del amor y de la paz.


De esta manera hemos ayudado a expirar al hermano, compartiendo su debilidad, sin juicio ni condenación. Esta manera de ayudar a otro a pasar por el trance de la muerte, ha sido estudiada por la doctora Elizabeth Kubler-Ross, que afirma: Cuando ayudamos a las personas a expresar sus sentimientos sin juzgarlos, y cuando estos sentimientos son escuchados por alguien que quiere oírlos, entonces pueden pasar rápidamente por el trance de la muerte. Nuestra presencia es tremendamente necesaria.


¿No será que la muerte resulte repulsiva para el agonizante? ¿Cómo podríamos huir de alguien que esté experimentando su propia repulsividad? El demonio es el que desea que huyamos y dejemos sola a la persona. Pero Jesús es victorioso; una oración profundamente sincera, hecha en nombre de Jesús, puede mandar al demonio a su lugar. El hecho de pedir a Jesús la liberación del miedo, la ansiedad, el dolor, para un moribundo, mientras nos mantenemos vigilantes, es frecuentemente para terminar con todo aquello que vaya contra el descanso y la paz de la persona.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


1. -¿Cuándo he tenido más miedo?


2. -¿Qué conflictos me disgustan más?


3. -¿En donde encuentro paz cuando me siento así?


1. -¿A qué tipo de muerte le tienes más miedo? Señálalo con una palabra: dolor, soledad locura, desahucio, parálisis, etc.
2. Ante Jesús crucificado, exhala el aire de tus pulmones, mientras dices la palabra señalada, vaciándote de ese miedo, al tiempo que echas fuera la última porción de aire. Toma aire diciendo "Jesús", y absorbe su poder para que cambie lo que puede ser cambiado, y para que puedas soportar lo que debe ser soportado (2 cor.12,8-10)
3. Continúa haciendo esto, hasta que ya no tengas que echar fuera ningún miedo.
4. Comunica el poder y el amor de Jesús a otros que estén enfrentándose a estos miedos. Ve diciendo el nombre de la persona: "Juan...... Ana...... Pedro......."


ORACIÓN


Jesús, Tú te enfrentaste a todos tus sufrimientos. Cuando tu cuerpo se sacudía por el dolor y tus amigos se escondían, parecía que aún el Padre no se preocupaba. Preguntaste: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" ¿Por qué te enfrentabas a tanto, tú solo?


Jesús, cuando me llegue la muerte, déjame enfrentarme a la angustia para poder así compartir con el Padre todos mis temores. Hazme capaz de ver cuán enferma pueda estar, de modo que pueda así recibir todas las atenciones que Tu Padre vaya a tener conmigo. Protégeme del dolor, de la soledad, de la parálisis y de la falta de lucidez, a las que tengo tanto miedo pues he visto a tantos morir. Si algo tengo que enfrentar, camina junto a mí, para que mis sufrimientos se hagan tuyos. Soy un cobarde. Tómame de la mano.


QUINTA PALABRA:


TENGO SED (Jn 19,28)


Jesús tuvo sed y atendieron a sus necesidades físicas. Así también los enfermos anhelan comodidades para su cuerpo. Anhelan su propia cama, su cuarto, sus pertenencias, estar con sus familiares. Hay quienes sufren de enfermedades terminales muy dolorosas, y saben que su fin está próximo, de allí, su deseo de abandonar el centro hospitalario para estar con quienes han vivido o han disfrutado durante toda la vida, y quieren encontrar la paz y sosiego para su espíritu y su cuerpo dolorido.


Estos enfermos necesitan que se les atienda en sus necesidades corporales, darles el calor de nuestra mano, en una oración callada para que la paz continúe aún más allá.


Estos enfermos parece que saben cuando les llega el momento. Y cuando se sienten preparados para morir, solo desean pequeñas cosas, como un cojín predilecto, una taza de té, el calor de una mano amiga. En esto podemos cifrar "tengo sed".


.PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


1. ¿En donde quiero morir?
2. ¿Quiénes me gustaría que estuvieran allí?
3. ¿Qué me gustaría que estas personas hicieran por mí?
4. ¿Qué cosas me gustaría que estuvieran cercanas a mí?


a) - Imagínate agonizante en la forma en que te gustaría morir, en donde quieres estar, con qué amigos, diciendo tal o cual cosa, habiendo hecho lo que sueñas hacer. ¿Qué es lo que necesitas hacer para morir así? Comparte esto con Jesús.


b). - Dile a Jesús que te ayude a saber lo que, a la hora de tu muerte, te gustaría haber hecho ahora


ORACIÓN


Jesús, al perder tu sangre te deshidrataste y padeciste una sed frenética. Pero tenías una sed aún más profunda, la de tu Padre y tus amigos, por lo que rehusaste beber. Añorabas el cielo y dijiste," no beberé de nuevo del fruto de la vid, hasta que llegue mi Reino" (Mat.26, 29).


Jesús, déjame compartir contigo no sólo mi miedo a la muerte sino también mi sed de morir a gusto, morir, en dónde quiero morir, y a quién necesito tener a mi lado, y la forma en que me gustaría pasar mis últimas horas. Jesús, ¿cómo te gustaría que muriera?.


Para adquirir la libertad de escoger la voluntad de Dios, a San Ignacio le gustaba imaginarse en su lecho de muerte para ver así las decisiones que tomaría.


SEXTA PALABRA:


TODO ESTÁ CONSUMADO (Jn 19,30)


Estos son los momentos en que mirando la trayectoria de la vida, nos detenemos frente a lo vivido, a los planes cumplidos y los no cumplidos; en una palabra escribimos nuestra autobiografía.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR


1. - Si te dieran la oportunidad de vivir la vida nuevamente. ¿Qué escogerías otra vez?
2. - Vamos a omitir entrar en detalles.....¿Qué quiero que los demás recuerden de mí?


a) - Imagínate sentado con Jesús, ante una fogata, en una noche fría. Escucha el crepitar de las brasas, y a Jesús que te pregunta. ¿Cuáles fueron los momentos más felices de tu vida? Con gratitud comparte con Jesús las escenas que vengan a la memoria.


b) - Cuando lo hayas compartido suficientemente, pregunta a Jesús: ¿Cuál consideras que fue el mejor momento de mi vida?.


c) - Termina dando gracias a Jesús y diciéndole lo que está en tu corazón.


ORACIÓN


Jesús, no teniendo ya más fuerzas para vivir, agradeciste al Padre todas las ocasiones en que tuviste la oportunidad de escoger la vida. ¿En qué momentos viviste con mayor plenitud?¿Fue cuando abrazaste a Lázaro después de su resurrección, o cuando celebrabas con todos en Canaán tu primer milagro? ¿Fue también cuando mostraste tu completo amor a los demás y les lavaste los pies y también cuando les diste tu cuerpo y tu sangre en la Última Cena? ¿Cuándo te sentiste más amado? ¿Qué te impulsa a decir que tu vida tuvo un sentido y que entonces todo estaba consumado?


Jesús, muéstrame los momentos más logrados de mi vida, las ocasiones en que he amado y he sido amado. ¿Cuándo fui más feliz? ¿Más compasivo, más generoso, más agradecido? Muéstrame quién me amó más, y cómo tal persona cautivó mi mirada como para hacerme feliz y sentirme realizado. Si me dieran la oportunidad de vivir nuevamente, ¿qué escogería repetir otra vez?. Permíteme, Señor, agradecerte las ocasiones en que pude realmente escoger la vida.


SEPTIMA PALABRA:


PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU (Lc. 23,46)


Llegado el final del sufrimiento, se han ido cumpliendo las palabras que Jesús pronunció al final de su vida. Ya no quedan mas fuerzas, solo abandonarse en los brazos del Padre, del amor del Padre. Ahora solo queda una oración para el momento de la muerte "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".


1. - Siéntese o acuéstese en un cálido mediodía relajante, como en el amor del Padre.


2. - Empezando por la frente, póngala primero tensa y luego relájela diciendo "Padre" y sométale todo aquello que la pone tensa y todo lo que su mente pueda hacer. Después baje hacia los ojos y haga con ellos lo mismo. Vaya después, parte por parte, con sus oídos , cara, cuello, etcétera, hasta que llegue a los pies. Con todo su cuerpo ya relajado inspire y expire el amor del Padre.


3. - Cuando termine, diga lentamente el Padre Nuestro.


PAZ, COMO MI PADRE ME ENVIÓ, ASÍ OS ENVÍO YO. (Jn, 20,21)


Después de la muerte de un ser querido, se vierten muchas lágrimas, y se hacen muchas preguntas.


¿Por qué mi padre tuvo que morir tan desgastado y destruido por el cáncer en la garganta, dificultándole sus últimas palabras? ¿Por qué los médicos no se lo diagnosticaron antes, de modo que hubiera vivido algunos años más? Hubiéramos sido tan amigos y mis niños se hubieran balanceado en sus rodillas. ¿Por qué no podía abrazarlo, aunque su cáncer fuera tan repulsivo? Me había dado todo lo que pudo y yo ni siquiera me preocupé por atenderlo. ¿Por qué lo tomé como un hecho consumado? ¿Por qué nunca le dije que me apenaba por ello?. Si por lo menos se lo hubiera dicho... si por lo menos me hubiera abrazado y me hubiese dicho..... ¿Moriré yo de la misma manera, del cáncer en la garganta, tan presente en mi familia?


Estas preguntas brotan de una mordiente soledad y gran vacío.


Los autores de la Sanación de los Moribundos, los Hnos. Linn, experimentaron la pérdida de sus seres queridos, la angustia, el dolor, la soledad, el vacío, etc. y trabajaron y oraron por la sanación de otras personas, que se encontraban paralizadas por la pérdida de un ser querido.


Nos dicen que en una ocasión, un joven empezó a rezar después que había muerto su padre, y se vio libre de la homosexualidad que comenzó cuando perdió el amor de su padre.


Una madre con 4 hijos se vio libre del insomnio y de las pesadillas, cuando se perdonó a sí misma de la culpa que tenía por haber contribuido al alcoholismo de su hermano y a su muerte. Otro se vio liberado del dolor que le causaba un malestar crónico de un nervio del cuello, cuando le entregó al Señor la carga que le agobiaba un sentimiento de culpa por no haber estado presente en la muerte de su padre. Tuvo que perdonar a su padre, quién le había dicho "me dejaste en un asilo para hacerme a un lado", y tuvo que perdonarse a sí misma porque realmente lo había querido hacer a un lado cuando le colmó la paciencia. Para ella como para otros, el alivio vino cuando fueron capaces de poder perdonar y ser perdonados a través de Jesús.


Al orar, con ocasión de la pérdida de un ser querido, la oración de sanación sigue a menudo un esquema dialogal.


1. - Pido a Jesús que la persona muerta se me haga presente a través del corazón de Jesús.


2. - Comparto con el desaparecido todo lo que estoy sintiendo ahora y todo lo que deseo haber dicho o echo cuando él vivía


3, - Escucho lo que Jesús me dice o hace por mí, y espero para que el ser querido me conduzca a Jesús.


Quizá parezca extraño, que seamos capaces de pedir a Jesús y a nuestros seres queridos desaparecidos que se nos hagan presentes, cuando la Escritura nos prohibe (sin Jesús) consultar a los muertos para saber el futuro. (Dt.18) La Escritura misma nos da el ejemplo de estar amorosamente presentes con los difuntos cuando nos narra cómo Jesús y Pedro estuvieron presentes en la aparición de Moisés y Elías en la Tranfiguración (Mc 9,2-8)


De la misma forma, con Jesús mediador, nosotros también podemos hacernos presentes a nuestros seres queridos para decirles lo mucho que les queremos y perdonamos.


Al orar podemos decir "Jesús, déjame escuchar sólo lo que quieres decirme cuando estás presente en José... ó Rosa... quién me ama". Puesto que el amor va mas allá de la muerte (1Cor.13) en el grado en que no amemos y perdonemos a nuestros difuntos, les impedimos que amen y sean amados por Jesús, quién está en nosotros. Como Moisés con su rostro cubierto ante Dios, así ellos al mirar a Jesús, sienten también la vergüenza de herirlo en nosotros, hasta que les perdonamos y liberamos.


Puesto que todos formamos parte en el Cuerpo de Jesús, podemos ayudarnos mutuamente, por medio de este amor y perdón, como la mano derecha ayuda a la izquierda.


La tradición de la Iglesia nos alienta a orar amorosamente por los difuntos. Jesús vivió en el mundo judío en que los macabeos habían llevado al pueblo "de modo noble y excelente" a ofrecer oraciones y sacrificios por los soldados muertos, a fin de que fuesen librados de sus pecados (2 Mac.12,42,46


Jesús oró por los difuntos, como en el caso del hijo de la viuda de Naim (Luc 7,11,17), y Lázaro (Jn 11). .


Tenemos como seguidores de Jesús a San Cipriano, que se refiere a las misas para difuntos desde el tiempo de los apóstoles.


Tertuliano que en el siglo III insistía en la necesidad de orar por la muerte de los difuntos.


Santa Mónica, que pidió durante 16 años por la conversión de S. Agustín, le dijo en sus últimas palabras: "deposita este cuerpo donde quieras; no te preocupes de su cuidado. Sólo te pido, que donde quiera que estés, me recuerdes en el Altar del Señor. (Confesiones IX, cap. 11). Y otros santos como Santa Teresa de Avila, el Cura de Ars, y Santa Perpetua vieron a las almas del purgatorio, oraron por ellas, y las vieron arribar a la Vida Eterna. Santa Perpetua vio, en su oración, a su difunto hermano Dinócrates herido y padeciendo en un desierto. Después de algunos días de orar por él, volvió a verlo curado y agradecido con ella. E incluso la muerte no nos puede separa del amor de Dios, el cual podemos comunicar a otros por la oración en Jesús. (Rom.8, 38-39).


Podemos suponer que un amigo difunto ha decidido separarse de Jesús por la eternidad.


Por ejemplo, una persona que se haya suicidado, la conclusión general suele ser que merecía la condenación eterna. Pero las presiones que llevan a una persona a suicidarse, o a una vida criminal, generalmente no permiten que la libertad rechace en forma total a Cristo, que quiere llevar a todos los hombres a El (Jn.12,32). Conocemos la existencia de la condenación, pero como San Francisco de Sales lo aclara, no tenemos derecho a concluir que un pecador esté condenado, sino que debemos respetar el secreto de Dios que quiere salvar a todos. No hemos sido llamados para ser jueces, sino sólo para orar por los difuntos en los espacios que éstos dejen abiertos para el amor de Jesús en nosotros.


Si podemos, a través de Jesús, amar a los difuntos y reconciliarnos con ellos, ¿cómo podemos saber que realmente oímos a Jesús más bien que a nuestros propios pensamientos? ¿Cómo sabe una madre lo que su pequeño de tres meses le está diciendo? Ama tanto a su niño que está alerta para cualquier señal de que el bebé necesita descanso, comida, un cambio, movimientos, o sólo su cariñosa atención. Puede que escuche el llanto del niño o que lo vea chupándose el pulgar en señal de hambre, o percibir su cansancio, o tener el presentimiento de que se encuentra en peligro.


Por tanto para escuchar a alguien en oración, me basta con amarlo hasta que tenga la impresión de que está diciéndome o haciendo conmigo.


¿Cómo saber realmente si esto viene de Jesús? ¿Me condujo el difunto más cerca de Jesús, como Moisés y Elías llevaron a Pedro en la Transfiguración? Sé que he estado escuchando la mente y el corazón de Jesús si empiezo a actuar como Jesús. Si mi oración me hace más compasivo, generoso, agradecido, confiado, y me llena de los frutos del espíritu (Gal.5,22), entonces encontré a Jesús en mi difunto amigo. Encuentro a Jesús en el grado en que salgo de mí mismo para amar a Jesús, al Padre, al prójimo y a mí mismo.


La sanación llega cuando entregamos los difuntos en los amorosos brazos de Jesús, y amamos entonces a Jesús y a los que ya partieron con el mismo amor que les puedo llevar a la soledad.


Los autores, comparten una experiencia. "Recientemente estuve con un amigo que agonizaba de cáncer de los huesos. Su familia oraba con él diariamente para que se viese libre del dolor de modo que, en su plenitud mental, pudiese amar a través de su muerte. Sus oraciones fueron escuchadas, y pasó sus últimos días reuniendo a su familia en la reconciliación e incluso planeando su propio funeral. Por las tardes pedía a su esposa que fuese a terminar su formación como enfermera para que pudiese continuar al cuidado de los enfermos con el mismo amor que había tenido para con él. Hoy en día, un año después, su esposa no vive deprimida y desesperada sino que es una enfermera compasiva, y cuyas atenciones tienen mucha demanda. Tiene el don especial de ayudar a los que están a punto de morir, haciendo a un lado sus temores de que el amor termina con la muerte.


A través de cada persona que muere, Jesús espera la oportunidad de preguntarnos lo que le preguntó a María Magdalena, " mujer, por qué lloras?, ¿A quién buscas? (Jn 20,15)


Si le decimos lo que está en nuestros corazones, Jesús nos llamará por nuestro nombre y nos dirá que no nos apeguemos a los seres queridos que se han ido, sino que amemos a quienes amaron. Entonces oiremos con nuestros corazones sus palabras llenas de vida y sanación. "Paz. Como el Padre me envió, así los envío". Reciban el Espíritu Santo. "A quienes perdonen sus pecados les quedarán perdonados. A quienes se los retengan, les quedarán retenidos" (Jn.20.21,23). Cada amigo que ha muerto dice estas mismas palabras esperando que lo perdonaremos y continuaremos con su misión. ¿Qué decimos nosotros?.


1. - Ve a Jesús que te ama. Pídele que te haga presentes a los seres queridos, en el Corazón de Jesús.
2. Comparte con ellos todo lo que sientes, y lo que deseas haber dicho o hecho.
3. Ve a Jesús abrazándolos, y llénalos con la vida que hubieses querido darles.
4. Ve como ellos quieren amarte también. Fíjate en lo que Jesús te dice o te hace, y en cómo los seres queridos te conducen a Jesús.
5. Ve a Jesús y a los demás que te sonríen y te bendicen mientras desaparecen. Termina con esta oración.


ORACIÓN


Jesús, después de tu muerte volviste para decirnos: "Paz. No tengan miedo. Como el Padre me envió, así los envío. Reciban el Espíritu Santo para perdonar y ser perdonados. Tú no quieres que tu amor termine con la muerte sino que continúe a través de nosotros hacia todos los que amaste.


Jesús, te entrego mi amor que me hace estar solo y que llama al que se ha ido para que vuelva. Haz que el dolor me lleve a amar a los que amó y a completar lo que dejó inconcluso. ¿Qué haría si estuviese vivo todavía?. Ayúdame a amar a los amigos que ha dejado y a evitar tenerlos como "amigos", con los que realmente no comparto nada. Jesús, ¿quién necesita el amor que ya no puedo darle?


Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

ORACIÓN DE RENUNCIA Y LIBERACION

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ORACIÓN DE RENUNCIA Y LIBERACION

En tu nombre Jesucristo, yo (dí tu nombre completo) de manera personal y a nombre de mis antepasados.
Renuncio a satanás, a todas sus fascinaciones, seducciones y mentiras.
Renuncio a toda práctica de brujería, magia blanca, negra, de cualquier color, santería, hechicería o vudú.
Renuncio a toda limpia con huevo, yerbas, bálsamos, vino, sangre o fuego.
Renuncio a todo pacto, reto, sello, alianza o consagración al demonio; a conjuros, perjuros, maleficios e invocaciones diabólicas.
 Renuncio a toda maldición, mal deseo, envidia, odio, rencor, resentimiento, codicia, avaricia, soborno, robo, fraude, despojo o enriquecimiento ilícito.
Renuncio a todo acto de orgullo, soberbia, prepotencia, vanidad y egolatría.
Renuncio a todo rito de iniciación chamánica, espiritista, espiritualista, masonería, filosofía rosacruz, dianética y a toda secta o sociedad secreta.
Renuncio a todo conocimiento de la nueva era, creencia en la re-encarnación, esoterismo, metafísica, meditación trascendental, yoga, a todo acto de curanderismo, a las operaciones espirituales, hipnotismo con regresiones, baños con flores, especies, yerbas, sangre de animales o humana o con otras substancias con fines mágicos.

Renuncio a toda lujuria, aborto, adulterio, homosexualidad, bisexualidad, incesto, violación, pornografía, bestialismo, promiscuidad y prostitución. A todo lo que yo u otras personas hayan hecho ilícitamente para controlar, nulificar o desbordar mi sexualidad.

En el nombre de Jesucristo, renuncio al culto y veneración a la llamada "santa muerte" o al vampirismo, a todo encantamiento, invocación y evocación de muertos, a espíritus custodios, guardianes, cósmicos, protectores, espías, vigilantes, a seres espirituales nombrados "maestros de sabiduría", o a cualquier otro ser maléfico en forma oculta o manifiesta.

Renuncio a todo acto o juego de mediumnidad, a la ouija, al control mental, al manejo del péndulo, a instrumentos para encontrar "tesoros ocultos" o dinero enterrado.
Renuncio también a toda clase de adivinación, sortilegio, lectura de cartas, café y caracoles, a toda forma de astrología, horóscopos o cartas astrales.

Renuncio a los amuletos y talismanes, a las herraduras, pirámides, cuarzos, imanes, agujas, sábilas o ajos con moños rojos, imágenes de santos mezcladas con tierra de panteón, velas y veladoras de colores "curadas", fetiches y representaciones de mi persona de cualquier material y forma que se encuentren enterrados o sean manipulados por mí mismo u otras personas.
Renuncio a toda forma equivocada de "medicina alternativa" que bajo engaños haya ritualizado mi ser al demonio.

En el nombre de Jesús, renuncio a toda comida o bebida mezclada con brujería que haya yo ingerido, y a todo lo que haya sido tirado, rociado o untado en mi cuerpo, ropa, zapatos, casa, trabajo, negocio o cualquier pertenencia u objeto que esté cercano a mí, que haya sido maldecido o consagrado al mal.

En el nombre de Jesucristo denuncio, renuncio y echo fuera de mí a todo espíritu de traición, destrucción, muerte, esclavitud, ausencia de Dios, miseria, mendicidad, soltería, infelicidad matrimonial, viudez, orfandad, amargura, envejecimiento o muerte prematura, persecución, problemas con las leyes o la justicia humana, esterilidad, humillación, rechazo, insomnio, deseos de suicidio, aislamiento, locura, soledad, neurosis, depresión, obsesión, miedo, angustia, debilidad, enfermedades crónicas, invalidez, ceguera, sordera, mudez, falta de olfato, imposibilidad de saborear la comida, insensibilidad, celos, inconformidad, incapacidad para vivir, conseguir o conservar un trabajo, una pareja, un matrimonio o una familia.

En el nombre de Jesús denuncio, renuncio y echo fuera de mí todo espíritu de alcoholismo o de cualquier otra adicción, de mal carácter, de falta de memoria, de falta de control y dominio de mi ser, irrealidad, inconsciencia, envidia, abandono, gula, suciedad, desorden, malos olores crónicos en mi cuerpo, ropa o casa, de falta de fe, esperanza y caridad, de falta de interés en la vida, de desprecio a la eucaristía y de aborrecimiento o flojera para tener vida de oración. Corto, destruyo y nulifico los medios a través de los cuales fueron hechos los daños antes mencionados, si fueron veladoras, fotos, ropa, tijeras, agujas, fetiches, entierros, lo que haya sido.

Renuncio a lo que en forma consciente o inconsciente haya yo hecho o haya sido hecho por otra persona en mi nombre para obtener poderes, dinero, éxito, buena suerte o pretender saber el futuro, o bien para conseguir el amor y la salud propios o ajenos, o tener dominio y control sobre personas, objetos, animales, lugares, espíritus y fuerzas de la naturaleza.
Nulifico los efectos de cualquier práctica contraria al compromiso adquirido a través de mi bautismo, de fidelidad y reconocimiento a Jesucristo como mi único Salvador, a los Sacramentos, a la Virgen María y a la iglesia católica.
A lo que impida el ejercicio de mi sentido común, capacidad de juicio, entendimiento y voluntad.

Echo fuera de mí todo aquello con lo que haya intentado sustituir el amor y la confianza de Jesús. Renuncio al rechazo de mis padres desde el instante de mi concepción y durante mi vida en el seno materno. Renuncio al mal que me causaron por intentar abortarme: con yerbas, sustancias químicas o con objetos punzo cortantes. Renuncio a todo el rencor que tengo si fui dado en adopción o abandonado sin haber conocido a mis padres biológicos o a maldiciones recibidas durante mi gestación.

Nulifico por las llagas de Jesús todo mandato de fracaso, muerte en vida y suicidio que hay en mí por estas causas, la incapacidad para aceptar el amor de Dios, para aceptarme a mí mismo o a las personas, para estudiar, trabajar y ser feliz.

Renuncio a todo lo que sea contrario a la salud, el respeto y la dignidad que como templo del Espíritu Santo, necesita todo mi ser y que esté impidiendo relacionarme con Dios, conmigo mismo (a), con mi entorno en una forma sana, tener una familia unida y un trabajo digno y bien remunerado.

Porque Jesucristo se manifestó para deshacer las obras del diablo: habiendo denunciado, renunciado y echado fuera de mí todos los espíritus del mal, los envío atados y amordazados a los pies de la Santa Cruz y les prohíbo regresar.

Habiendo nulificado todos los efectos, causas y consecuencias, tomo autoridad, en el nombre de Jesús, para que caigan todos los bloqueos, tinieblas y barrer, las que satanás construyó a mi alrededor y le ordenó a todo ser demoníaco que despojó a mi familia o a mí mismo (a), que nos devuelva, lo que nos quitó.

Padre Santo, te lo ruego, sana toda mi vida, toda mi historia personal, perdóname, ayúdame, libérame, bendíceme.

Padre Dios, acepto que Tú seas mi Padre, Jesucristo mi Hermano, la Virgen María mi Madre, porque hoy, yo (dí tu nombre completo) les pertenezco para siempre.

A través de Tu Santo Espíritu, guíame para la reparación de todas las faltas que cometí y enséñame a amar Tu Voluntad. Gracias Padre.

Amén, amén, amén

El Padre Emiliano Tardif, M.S.C., nos contaba el siguiente testimonio:

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El Padre Emiliano Tardif, M.S.C., nos contaba el siguiente testimonio:

Cuando estuve de párroco en Sánchez vino a visitarme una señora que daba su testimonio: “Padre Emiliano yo vine hace muchos meses buscándolo porque sufría de ataques de asma desde pequeña y vine para que Ud. me impusiera las manos y orara por mi. No lo encontré y salí muy triste de la Casa Curial. 

Sin embargo, encontré la Iglesia abierta, entre y al fondo estaba la imagen de Nuestra señora del Rosario. Me acerque y le dije: Madre, como no esta el P. Emiliano para que me imponga las manos, imponme Tu las manos y ora por mi.

Saque el santo rosario de la cartera y empecé: primer misterio, segundo misterio, tercer misterio y terminando el cuarto misterio me dio un ataque de asma que casi me moría. Espere un momento, descanse y termine el quinto misterio. Regrese a mi casa, cerca de 3 horas de viaje. Hoy vengo a contarle que fue el último ataque de asma que me dio. Nunca más he sufrido de asma: Jesús me sano.

Cuando doy este testimonio les pregunto: que tenía la señora? Unos dicen fe y otros dicen asma. Eso es: asma. A que fue a Sánchez? Buscando al P. Emiliano para que le impusiera las manos, como dice Jesús en San Marcos 16,17-18 (Léanlo, por favor). Y al no encontrarlo que hizo? Le pidió a la madre de Jesús que le impusiera las manos. Y mientras ella rezaba el Santo Rosario (que es Palabra de Dios, ya que el Padre Nuestro y el Ave María están en los Evangelios-en la Biblia-), mientras rezaba el santo Rosario la Virgen María estaba trabajando y consiguiendo el milagro de su Hijo Jesús como hizo en las Bodas de Cana. Ella no hace milagros pero si los consigue, le roba los milagros a su Hijo, que no le niega nada a su madre: “Y fue el ultimo ataque de asma… Jesús la sano” Bendito sea el nombre y la presencia viva de Jesús, que es el mismo de ayer, de hoy y de siempre como nos dice la Palabra de Dios en la carta a los Hebreos 13,8.

Entonces en los retiros o enseñanzas o Eucaristías les doy ese testimonio y los invito a orar de esa forma: cada misterio le dicen a mama María: Madre impón las manos sobre tal intención y sin mas palabras se inicia el misterio. Y así los cinco misterios. Que un hijo o hija, o el marido o alguien esta portándose mal o fastidiando: “dile a la madre de Jesús: Madre impón las manos sobre fulano y sin mas palabras comienza el misterio. Vamos a ver la gloria de Dios. Si quieres en este momento hagámoslo: levanta una mano y dile: madre querida que esta sea tu mano bendita y ponla en mi cabeza y ora por mi mientras te saludo con esa oración que nació del corazón de Papa Dios y te la dijo Gabriel, ahora te la digo yo: oremos un Ave María con la mano de nuestra (que sea la de María) en nuestra cabeza… en silencio o en voz alta digamos el Ave María. Gracias Madre por conseguir cuantos milagros para los hermanos que con humildad hicieron este ejercicio.

Entonces si hay alguien enfermo: ya sea ancianito-a, en recuperación de una cirugía, algún familiar en estado de coma o en cuidados intensivos y la familia esta afuera o tiene una habitación pueden hacer dos cosas: primero cada hora, ya sea las 7:00 a.m.-8:00-9:00 y así sucesivamente se reúnen todos los que estén y dicen vamos a orar el misterio del Santo Rosario y mientras oramos la Virgen María esta imponiendo las manos y haciendo el trabajo con su hijo amado Jesús. Luego del misterio leen un pasaje de la Biblia, empezando por el Evangelio de San Mateo y siguen hasta terminar el Nuevo Testamento, luego siguen con el Antiguo Testamento. De esta manera van a leer mientras la persona esta enferma mucha Palabra de Dios y van a ver como la Palabra de Dios: “sana, sana y libera”. Entonces el misterio del Santo Rosario y luego el pasaje Bíblico. Y cuando la persona puede tomar agua dan el tercer paso: “La terapia del agua”. Tomar un vaso o un vasito con agua. Eso le limpia la parte digestiva, riñones y le hace caminar a los que pueden hacerlo con dificultad y los obliga a moverse. Los que están en oficinas sobre la computadora pueden hacer la terapia del agua: cada hora un vaso o vasito y así tienen que levantarse a orinar y eso los relaja y los oxigena.

Dulzura de los Angeles

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Dulzura de los Angeles

 Dulzura de los ángeles,
alegría de los afligidos,
abogada de los cristianos,
Virgen madre del Señor,
protégeme y sálvame de
los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro,
que ha contenido a la Trinidad excelsa;
en ti se ha complacido el Padre,
ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo,
que cubriéndote con su sombra, Virgen,
te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti,
Theotókos; tú eres nuestra
defensa ante Dios. Extiende
tu mano invencible y aplasta
a nuestros enemigos.
Manda a tus siervos el socorro del cielo.
Amen

¿Puedo Comulgar si tengo malos pensamientos?

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¿Puedo Comulgar si tengo malos pensamientos?
 
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
 
Pregunta:

Buenas tardes Padre, espero que pueda contestarme; sabe, deseo preguntarle si uno después de haber realizado el sacramento de la confesión trata de no volver a pecar se resiste pero los malos pensamientos se tienen aunque se luchan con ellos. Las personas a veces tenemos malos pensamientos, a veces son impuros, y esa es mi duda, y por eso a veces yo no comulgo pues tengo miedo de estar cometiendo sacrilegio por estos malos pensamientos.

Betty, de Perú (Edad: 21 años)

Respuesta:
Estimada:

Lo que usted me consulta corresponde al tema de los ' pecados internos '

Pecados internos son los que se realizan con solas las potencias internas del hombre, o sea el entendimiento, la voluntad, la imaginación y la memoria. Los principales son tres: la complacencia morosa en una cosa mala propuesta como presente por la imaginación, pero sin ánimo de realizarla; el deseo de una cosa mala futura, y el gozo o aprobación de una cosa mala pasada.

1) La complacencia morosa

Es el deleite en la representación imaginaria de un acto pecaminoso como si se estuviera realizando, pero sin ánimo de realizarlo. En lenguaje vulgar suele designarse con el nombre de malos pensamientos. Si se refieren a la lujuria, se les llama, más propiamente, pensamientos impuros o malos pensamientos.

Para que la complacencia morosa sea pecado es preciso que se la advierta como pecaminosa y se la consienta deliberadamente a pesar de ello. El que piensa distraídamente una cosa mala sin advertir que es pecaminosa y la rechaza en el acto al advertirlo, no cometió pecado, aunque hubiera permanecido algún tiempo en aquel pensamiento inadvertido. En la práctica es difícil no advertir prontamente la malicia del mal pensamiento o imaginación.

De aquí hay que sacar los siguientes principios morales:

(a) La complacencia interna y voluntaria en una representación pecaminosa es siempre pecado. Porque nadie se deleitaría en estas representaciones internas si no sintiera inclinación a la obra mala que representan, aunque no tenga intención de realizarla actualmente; por lo que el consentimiento deliberado a tal delectación supone la aprobación de la cosa pecaminosa o el afecto libremente inclinado hacia ella. Por eso se nos dice en la Sagrada Escritura que 'son abominables ante Dios los pensamientos del malo' (Prov. 15,26).

(b) La complacencia morosa recibe su especie y gravedad del objeto malo libre y voluntariamente representado. Esto quiere decir que el pecado de complacencia interna será grave o leve según lo sea el objeto, y pertenecerá a la misma especie moral a que pertenece el objeto.

En cambio está discutido entre los moralistas si la complacencia morosa recoge también las circunstancias que cambian la especie del pecado (por ejemplo, si es distinto pecado imaginarse torpemente a una persona soltera, casada o pariente). Especulativamente parece que no, puesto que el pensamiento suele recaer sobre el objeto en cuanto apto para producir deleite, prescindiendo de las circunstancias, que nada le añaden en este sentido; y así, por ejemplo, considera a la casada o pariente, no en cuanto tal, sino en cuanto hermosa, y en ello se complace. San Alfonso María de Ligorio, sin embargo, es partidario de que-en cuanto sea posible-se expliquen en la confesión estas circunstancias que cambian la especie del pecado, porque es muy fácil que el pecador las haya tenido en cuenta o deseado, al menos con deseo ineficaz; y el deseo recoge ciertamente el objeto tal como es en sí, o sea, con todas sus circunstancias individuales.

(c) No es pecado el estudio o conocimiento especulativo de cosas peligrosas cuando hay causa justificada para ello y se tiene recta intención. Y así, por ejemplo, el sacerdote puede y debe estudiar las materias escabrosas de teología moral que se refieren a la lujuria, matrimonio, etc., para administrar rectamente el sacramento de la Penitencia; el médico puede y debe estudiar anatomía, ginecología, etc., para el competente ejercicio de su profesión, etc. Pero han de estudiar o pensar estas cosas con recta intención y rechazando la complacencia morosa que pudieran despertar.

2) El mal deseo

Es la apetencia deliberada de una cosa mala. Por consiguiente, se refiere siempre al tiempo futuro.

Se divide en: (a) EFICAZ (cuando hay intención o propósito absoluto de ejecutar una cosa mala cuando se presente el momento oportuno); (b) INEFICAZ o condicionado (cuando no se tiene intención de ejecutarlo). Es más bien una veleidad (por ejemplo, quisiera hacer tal cosa si fuera lícita o posible).

Los principios morales por los que hay que juzgar los malos deseos son:

(a) El mal deseo eficaz es siempre pecado de la misma especie y gravedad que el acto externo revestido de todas las circunstancias individuales. La razón es porque toda la bondad o malicia de los actos humanos se toma de la voluntad interior, ya que el acto externo no añade ninguna moralidad especial al interno, sino únicamente un complemento accidental. Por eso dice el Señor en el Evangelio: 'Todo el que mira a tina mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón' (Mt. 5,28). El mal deseo recoge toda la malicia del acto externo con todas sus circunstancias. Y así, si el mal deseo recayó sobre una determinada persona casada o pariente, no bastaría acusarse en la confesión de una manera genérica (diciendo, por ejemplo, 'tuve deseos de pecar con persona de distinto sexo'), sino que habría de explicar la condición o estado de esa persona, pues el pecado es específicamente distinto según los casos. Otra cosa sería si el deseo no hubiera recaído sobre una persona determinada, sino de una manera general sobre cualquier persona de sexo distinto.

(b) El mal deseo ineficaz, admitido bajo condición, es siempre peligroso; pero será pecado o no según que la condición impuesta deje intacta su malicia o la suprima del todo; esto es:

(b.1) Es siempre peligroso e inútil. ¿A qué viene, por ejemplo, decir: 'Me gustaría comer carne si no fuera día de vigilia'? Es un deseo inútil y absurdo que supone cierto descontento de la ley que prohibe realizarlo, lo cual envuelve cierto desorden moral.

(b.2) Será pecado (grave o leve según lo sea el objeto) cuando la condición impuesta no le quita su malicia; por ejemplo, 'Cometería tal pecado si Dios no me castigara, o si no hubiera infierno, o si me fuera posible', etc.

(b.3) De suyo no sería pecado silo condición le quitara su malicia; por ejemplo, 'Comería carne si no fuera día de vigilia'. Pero estos deseos son inútiles y ociosos, como ya hemos dicho, y hay que procurar evitarlos.

(c) Guardando el orden de la caridad, es licito desearse a si mismo o al prójimo un mal temporal que trae consigo un bien espiritual o un bien temporal mayor. Y así sería licito, con la debida sumisión a la voluntad de Dios, desearse la muerte, o deseársela al prójimo, para librarse de los peligros de pecar, ir al cielo, etc. O también desear una enfermedad que nos impidiera pecar, o la pérdida de los bienes de fortuna que se emplean en vicios y pecados, etc.

Pero habría que rectificar muy bien la intención para desear únicamente el efecto bueno que traería consigo aquel mal temporal. El mal moral (pecado) no es licito jamás desearlo a nadie. Desear un mal mayor (por ejemplo, la muerte del prójimo) para obtener un bien menor (por ejemplo, la herencia, verse libre de malos tratos, etc.) no es licito jamás, porque invierte el recto orden de la caridad.

3) El gozo pecaminoso

Es la deliberada complacencia en una mala acción realizada por si mismo o por otros. Por contraste se equipara a él la pena o tristeza por una buena acción realizada o por no haber aprovechado la ocasión de pecar que se presentó.

Los principios morales para juzgar el gozo pecaminoso son:

(a) El gozo por un pecado cometido renueva el mismo pecado con todas sus circunstancias individuales. La razón es porque supone la aprobación de una mala acción tal como fue ejecutada, o sea, con todas sus circunstancias. Si el pecador se jactara ante otras personas del pecado cometido, habría que añadir la circunstancia de escándalo, por lo que el pecado de jactancia sería más grave que el cometido anteriormente.

(b) Alegrarse del modo ingenioso con que se cometió un pecado, pero rechazando el pecado mismo, no sería pecado, pero si peligroso e inútil. Y así, por ejemplo, no sería pecado alegrarse del modo ingenioso con que se realizó un robo, un atraco, etc., sin complacerse en el hecho delictuoso, sino sólo en el modo con que se cometió. Sin embargo, es evidente que este gozo es peligroso e inútil, sobre todo si se trata de chistes inconvenientes o narraciones escabrosas, aun rechazando su aspecto pecaminoso.

(c) No es lícito alegrarse de un acto malo por el buen efecto que nos haya acarreado; pero sí lo seria alegrarse del buen efecto rechazando la causa mala. Y así, por ejemplo, no es licito alegrarse del asesinato de una persona por la herencia que nos ha sobrevenido; pero es licito alegrarse de la herencia rechazando el asesinato.

(d) Es pecado sentir tristeza deliberada por no haber aprovechado una ocasión de pecado que se presentó. Es evidente. Esa tristeza supone afecto y complacencia hacia el pecado que dejó de cometerse, y esto es de suyo pecaminoso e inmoral.

(e) Sentir tristeza deliberada por haber realizado una buena acción obligatoria es pecado mortal; si no era obligatoria, es pecado venial, a no ser que haya justa causa para ella. Y así, por ejemplo, el que se entristece por haber restituido una importante cantidad robada, vuelve a cometer el pecado interno de injusticia. Si se entristece de algo bueno no obligatorio (por ejemplo, de haber hecho un voto), es pecado venial, a no ser que haya justa causa para ello (por ejemplo, por haberlo hecho con demasiada ligereza y resultar muy difícil su cumplimiento).

(f) Puede no ser pecado, aunque siempre es peligroso, gozarse de una acción que actualmente no es lícita, pero que lo fue o lo será al tiempo de realizarla.

          Y así, por ejemplo, la viuda no pecaría recordando con gozo los actos conyugales realizados lícitamente durante el matrimonio, con tal de no consentir en los malos movimientos que ese recuerdo pueda actualmente excitarle, Pero ya se comprende que este gozo es muy peligroso e imprudente y hay que procurar evitarlo.

          Dígase lo mismo de los novios con relación a los actos futuros del matrimonio. Es peligrosísimo recrearse anticipadamente en ellos, pues, aunque teóricamente se trata de una acción que será lícita cuando se realice en el matrimonio, es casi imposible que no repercuta en algún mal movimiento o deseo actual, que sería ilícito y pecaminoso.

[Todo lo anteriormente trascripto está tomado del libro del P. Antonio Royo Marín, 'Teología Moral para Seglares', Tomo 1, nn. 257-262].

En Cristo y María.

¿Cuáles Son los Distintos Tipos de Vitaminas?

Las vitaminas son uno de los nutrientes esenciales que requiere nuestro cuerpo. Existen distintos tipos de vitaminas. Podemos clasificarlas en dos categorías: las vitaminas hidrosolubles y las vitaminas liposolubles. Las vitaminas hidrosolubles  (como por ejemplo, la vitamina B y la vitamina C) son eliminadas por el cuerpo, por lo cual las debemos consumir diariamente. Por otra parte, las vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E y K) son aquellas que se almacenan en los tejidos grasos del cuerpo.

Existen distintos tipos de vitaminas y cada uno desempeña un papel único al momento de mantenernos saludables. Algunos de los distintos tipos de vitaminas son:

Vitamina A: Nos ayuda a mejorar nuestra vista y a tener una piel sana. Algunos alimentos ricos en vitamina A son los huevos, la leche, los damascos, las zanahorias y las espinacas.

Vitaminas B: La vitamina B reúne múltiples vitaminas como la B1, B2, B6, B12, niacina, ácido fólico, biotina y ácido pantoténico. La vitamina B ayuda a generar energía y participa activamente en la producción de glóbulos rojos (los cuales transportan oxígeno a las diferentes partes del cuerpo). Algunas fuentes ricas en vitamina B son el trigo y la avena, los pescados y mariscos, las verduras de hojas verdes, los productos lácteos como leche y yogurt, frijoles, etc.

Vitamina C: Esta vitamina nos ayuda en el fortalecimiento de las encías y de los músculos. También ayuda a la cicatrización de heridas. La vitamina C se encuentra en algunos cítricos como las naranjas. Además, está en el tomate, el brócoli, el repollo y las frutillas.

Vitamina D: Fortalece nuestros huesos y dientes. También ayuda en la absorción del calcio. Alimentos ricos en vitamina D son el pescado, la yema de huevo, la leche y otros productos lácteos.

Vitamina E: Se encarga de cuidar nuestros pulmones y de ayudar en la formación de glóbulos rojos. Buenas fuentes de vitamina E son los granos enteros, los vegetales de hojas verdes, la yema de huevo y los frutos secos.

Vitamina K: Esta vitamina ayuda a mantener los niveles normales de coagulación de nuestra y a prevenir la osteoporosis y las fracturas de los huesos. Buenas fuentes de vitamina K son las verduras de hojas verdes, los productos lácteos, como leche y yogurt y la carne de cerdo.