La Historia de Pablo y Silas.

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El día de hoy he escogido un tema que me llega hasta la médula de los huesos. Voy a hablar de Jesús, voy a hablar de esa persona maravillosa que murió por mí y por ti, que resucitó y que está vivo, que ha cambiado mi vida y es capaz de cambiar tu propia vida y que es capaz de hacer algo hoy en tu propia historia no importa donde estés, es más, El se especializa en los casos difíciles. 

Su especialidad son aquellos casos que humanamente son imposibles. Pero no hay nada, nada imposible para Dios. Así que si tú que estás leyendo este mensaje y sientes que tu caso es difícil, que tu caso es imposible, estás en el blog correcto. Prendiste tú corazón en la estación completa, porque aquí está Jesús el que es capaz de hacer lo que los hombres no pueden realizar.Bienvenido todo aquel que se encuentra en una circunstancia así. Porque el tema que precisamente nosotros hemos seleccionado para compartirlo es una historia muy bella que tal vez ya conocen ustedes pero que me voy a permitir recordárselos, 

Pablo y Silas su compañero, predicaban la Palabra de Dios y por esta razón los metieron a la cárcel y no solo a la cárcel sino que los echaron hasta el calabozo más profundo y dice la Palabra de Dios: "ataron sus pies y sus manos en un cepo. “Y no solo eso lean más (Hech 16,25-34 de la Palabra de Dios) Hacia media noche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios (eran presos muy felices y contentos) y los presos los escuchaban.

De pronto se produjo un gran terremoto que conmovió los cimientos mismos de la cárcel y al momento se abrieron todas las puertas de la prisión y se soltaron las cadenas de todos los presos. El carcelero se despertó y al ver las puertas de la cárcel abiertas intentaba quitarse la vida, pues pensaba que los presos habían huido. 

Entonces el carcelero pidió luz, entró de un salto, y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: "¿Señores, que tengo que hacer yo para ser salvado?". Ellos le respondieron: "Ten fe tú, y te salvarás tú y toda tu casa." Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, los recibió en su casa y les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.

Este carcelero del cual nos habla Lucas en este relato no es otro que el mismo Jesús que hace con Pablo y Silas (que nos representan a nosotros) lo mismo que Dios quiere hacer hoy aquí. Vamos a ver poco a poco todas las actitudes de este carcelero. Solo que para entender este relato debemos recordar una cosa que se acostumbraba en aquellos tiempos. La cárcel normalmente estaba excavada abajo de la tierra y arriba era una casa común y corriente donde generalmente, obviamente, vivía el carcelero, el que cuidaba la prisión, el que tenía la llave de los candados, el que tenía la llave de todas las cerraduras. El vivía con su familia en el piso superior. Y abajo, oscuro estaba la prisión.

Pues bien, Pablo y Silas fueron metidos en la cárcel. Pablo y Silas fueron llevados a la prisión y no solo eso, sino por orden de las autoridades se les puso en el calabozo más oscuro, en el más profundo, en el más guardado, en aquel que había que pasar por varias rejas. Allí pusieron a Pablo y a Silas, no había luz y además ataron sus manos y sus pies con gruesas cadenas a un cepo, lo cual significa que no podían caminar, no podían hacer nada con sus manos.

Hermanos, cómo Pablo y Silas reflejan nuestra propia situación, nuestra propia historia. Cuántas veces nosotros nos hemos sentido encerrados, con rejas, con candados, amarradas nuestras manos, que no podemos hacer nada, en situaciones que cualquier cosa que decimos o hagamos no va a dar resultado. Amarrados nuestros pies porque no podemos ir a ninguna parte, porque no sabemos que hacer.

¡Ah hermanos!, Pablo y Silas representan la situación humana más pobre, más limitada. Y no solo estaban en la cárcel, estaban en el calabozo y en el peor, en el más profundo, oscuro, sucio de todos los calabozos. Por eso, este tema de hoy va dedicado especialmente para todos aquellos que sienten que están atados, que están encadenados, que están en una oscuridad, en algún calabozo, para aquellos que sienten que están viviendo el momento más difícil de toda su vida donde no hay ninguna luz de esperanza. Para todos ustedes hermanos es especialmente el tema.

¿Por qué? porque en el momento menos esperado, en el menos planificado, Dios intervino de una forma asombrosa, milagrosa, poderosa, como El acostumbra hacer. Vino un gran temblor que sacudió los cimientos mismos de la prisión, las puertas se abrieron, las cadenas se rompieron y el carcelero se despertó y se va dando cuenta que las puertas están abiertas.Y fíjense lo que dice la Palabra de Dios, fíjense lo que dice porque esto es muy importante: "Se abrieron todas las puertas y se soltaron las cadenas de TODOS". 

Cuando Dios da, hasta los costales presta, decimos. ¿Cuántas puertas se abrieron? ¿Cuántas? TODAS. ¿Cuántas puertas eran necesarias que se abrieran para huir? Con un barrote que hubiera quitado era suficiente para que escaparan los presos. ¿Si o no? Pero Dios dice :"NO" Cuando Yo quiero liberar a los míos lo hago en serio y no abro una ventanita, no rompo un barrote, no abro una puerta, voy a abrir ¿cuántas puertas? TODAS las puertas de la prisión. 

Date cuenta hermano que todas las puertas de TU cárcel pueden ser abiertas el día de hoy.Y dice: "Se abrieron las puertas y se soltaron las cadenas de los que eran buenos"¿así dice? Se soltaron las cadenas de la mitad de los presos ¿así dice? se soltaron las cadenas de ¿cuántos? de TODOS, ¿de los buenos?, ¿de los malos? ¿de los santos?, ¿de los pecadores?, ¿de los que estaban inocentemente en la prisión?, absolutamente de TODOS. ¿De todos los que están leyendo este mensaje se pueden romper sus cadenas? ¿o nada más de algunos?

Ah! esto es lo maravilloso del poder de Dios, ¡que poder tiene! y hasta le sobra para soltar las cadenas de todos los que estamos recibiendo este mensaje. ¿Quien de los que están leyendo este mensaje dice: "mis cadenas no se pueden romper? Mis ataduras, ya no hay nadie que pueda soltarme de ellas"

Mira, ten esperanza porque hay UNO que puede soltarte de todas, absolutamente todas tus cadenas, para que puedas moverte para que puedas caminar, para que puedas hacer lo que tienes que hacer.Y el carcelero, dice la Palabra de Dios, que bajó de su casa y se dio cuenta que las puertas estaban abiertas. Si tú hubieras sido carcelero de esa cárcel, ¿qué hubieras pensado? se me fugaron todos presos. ¿No es cierto? Pero que curioso, los presos no huyeron, ¿por qué? porque preferían esperar allí donde Pablo y Silas cantaban Salmos y alabanzas a Papá Dios.

. En vez de ir a otra parte ve con la comunidad de los Pablos y Silas que están proclamando la Palabra de Dios. Te quiero decir que la libertad no está afuera, la libertad está donde se proclama la Palabra de Dios. Bendito sea nuestro Dios.

En aquel tiempo había una pena para aquel guardián, para aquel soldado al cual se le escapaba un preso. Si yo era soldado y estaba guardando un preso que tenía una condena de dos años de cárcel y se me escapaba, ¿saben quien pagaba la condena de dos años de cárcel? yo, porque se me escapó a mí. Si eran 10 presos y cada uno tenía una condena de 10 años. ¿Cuántos años me echaban encima a mí? 10 X 10 = 100, 100 años de cárcel porque se me escaparon los presos. 

Y si este estaba condenado a muerte, ¿que me iban a hacer a mí? me mataban. Y entonces este carcelero quiso ahorrarle el trabajo a los verdugos y dijo: yo solito me quito la vida. Y quería quitarse la vida ¿por qué? porque había presos allí condenados a muerte.Y dijo: "Yo tengo que pagar la pena de ellos, Yo tengo que pagar la sentencia de ellos.

Y esto permítanme hermanos es lo más hermoso, lo más preciosos que ha hecho Jesús, por ti y por mi. 

Nosotros teníamos una condena perpetua. Hoy nosotros en nuestros paises  tenemos la deuda externa, pero esta no era deuda externa es DEUDA ETERNA. Que nadie, nunca, puede pagar.Y dijo Jesús: "Yo quiero pagar la condena que tienes tú" ¿Cuál era nuestra condena? ¿Cuál es el salario de nuestro pecado? ¿Qué era lo que merecíamos por habemos ido de la casa de nuestro Padre? LA MUERTE.

Porque aquel que no escucha, que no cree en la Palabra del Señor se condena a muerte. Aquel que no está en el manantial de Agua Viva, se muere. Por lo tanto, sobre mí, sobre ti, sobre cada uno que están leyendo, estaba la condena de muerte.Y nadie se podía escapar. Aunque te pusieras paraguas, aunque te escondieras debajo de la tierra misma, sobre ti pesaba la condena de muerte. ¿Y sabes que hizo Jesús, el carcelero? Dijo: "Yo voy a pagar por ti, yo voy a morir por ti, voy a morir en vez de ti". Y esto es lo más hermoso: nadie, nadie tiene más amor que aquel que da su vida por los que ama.

Dios les bendiga.

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