Tuesday, March 8, 2011

¿Es pecado recordar hechos malos del pasado?

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¿Es pecado recordar hechos malos del pasado?
Resp. el P. Lic., Héctor José Guerra, IVE

 Pregunta:

¿Estoy en pecado si recuerdo a un ex novio? Solo me acuerdo del trato que tenía conmigo y comparo a mi actual pareja con él.


Respuesta:

Estimada:

La memoria es una facultad sensible del hombre por medio de la cual se retiene y recuerda lo pasado. La memoria retiene toda clase de conocimientos, buenos y malos. Recordar significa hacer presente algo del pasado. En el lenguaje común, se habla de “buenos recuerdos”, por ejemplo, los beneficios recibidos de nuestros padres; y se habla de “malos recuerdos”, cuando se trata de un hecho desagradable, triste, etc.

Pero en la teología moral católica, se entiende por “malos recuerdos” aquellos cuyo contenido es pecaminoso, como por ejemplo, los pecados mortales cometidos, las escenas deshonestas que hayamos visto, las informaciones inconvenientes (a la fe y a la moral) que hemos recibido a través de las lecturas, fotografías, Internet, etc.

Ahora bien, ¿cuándo los recuerdos pecaminosos constituyen pecado? Hay dos principios:

1° Cuando se advierte la gravedad de tales recuerdos y se consienten plenamente (es decir, se quieren plenamente) son de suyo pecado mortal. Si tal recuerdo se rechaza inmediatamente, no hay pecado. Cuando se ha rechazado a medias, es decir, no con bastante prontitud o generosidad, hay pecado venial.

2° Es pecado mortal cuando se intenta y busca voluntariamente el recuerdo pecaminoso para obtener un placer en ello.

Estos criterios valen también para los malos pensamientos y los malos deseos (Cf. Antonio R. Marín, Teología moral para seglares, t. I, B.A.C., Madrid 1996, n. 570-571).

Pero también es necesario tener presente dos cosas:

- Primero, la vida cristiana no consiste únicamente en no pecar; sino también en la práctica de las virtudes (las teologales: fe, esperanza y caridad; y las morales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza). Así, puede uno recordar cosas pasadas, pero: ¿es conveniente? ¿Se puede sacar algún provecho? ¿Es útil? Como dice el apóstol San Pablo: «Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada! (1 Co 6,12).

- Segundo, como dice el refrán: “Las comparaciones son odiosas”. A veces no son útiles, y otras veces no son convenientes.

¡Anímese a vivir su noviazgo con alegría y fe! Ruegue al Buen Pastor y a su Santísima Madre, la gracia de conocer si son el uno para el otro y para siempre, que no es otra cosa que descubrir la voluntad del Buen Dios sobre vuestras vidas, es decir, la vocación al matrimonio cristiano.
En Cristo y María.

Decálogo para cuidarte a partir de los 40

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Decálogo para cuidarte a partir de los 40

1. Come sano
2. No descuides la ingesta de calcio y vitamina D
3. Haz ejercicio moderado todos los días
4. Huye de los tóxicos
5. Reserva momentos para ti
6. Ejercita tu mente
7. Duerme las horas que necesites
8. Cuida y potencia tus relaciones personales
9. Cuida tu imagen
10. Piensa en positivo  
1. Come sano 
Cuidarse es importante a todas las edades, pero cada una tiene sus peculiaridades.

Este aporte lo garantiza la ingesta diaria de alimentos como las verduras, frutas, cereales y lácteos, y aceite de oliva combinados con las carnes no grasas y pescados (120-200 gr al día), las legumbres (dos veces a la semana) y frutos secos (un puñado a la semana) y huevos (tres o cuatro a la semana).

2. No descuides la ingesta de calcio y vitamina D 

Con la edad se va perdiendo calcio del hueso a más velocidad de la que se incorpora. A partir de la menopausia se acelera la pérdida de calcio del hueso y disminuye la capacidad de absorción de calcio y vitamina D en el intestino. Esto provoca una pérdida de masa ósea que puede desembocar en una osteoporosis.
3. Haz ejercicio moderado todos los días
Pasea al sol con protección unos 15 minutos al día para favorecer la activación de la vitamina D a través de la piel. De 9 a 50 años son necesarios 5 nanogramos/dl al día, pero a partir de los 50 años se necesitan 10 y las necesidades aumentan a 15 nanogramos/dl a partir de los 70 años.De 19 a 50 años se recomienda una ingesta diaria de 1.000 mg de calcio. Si además estás embarazada o dando el pecho a tu bebé las recomendaciones aumentan a 1.200 mg al día en mujeres adultas y 1.600 mg al día en las adolescentes.

En casos especiales, puede ser necesaria la prescripción médica de suplementos de calcio y vitamina D.

Se recomienda realizar ejercicio diario moderado como andar, nadar o montar en bicicleta en terreno llano, al menos durante media hora. Y practicar algún deporte 2 ó 3 veces en semana.

Además el ejercicio favorece la liberación de endorfinas, unos neurotransmisores cerebrales que actuan mitigando el dolor, produciendo sensación de bienestar y elevando el ánimo.
4. Huye de los tóxicos

Modera el consumo de alcohol que perjudica sobre todo tu hígado y tu sistema nervioso. Algunas sustancias como el resveratrol, presente en el vino tinto, son demostrados antioxidantes, pero los perjuicios del alcohol hacen que sea prudente tomarlo con moderación.
5. Reserva momentos para ti

El pararnos a pensar en nuestros logros, nuestras metas y en nuestras ilusiones, y aprender a disfrutar de lo pequeño son hábitos que debemos retomar. 

6. Ejercita tu mente 
En esta etapa de la vida se empieza a tener cierta estabilidad en el trabajo, los hijos no absorben ya todo nuestro tiempo, hemos aprendido a organizarnos.... Si dispones de más tiempo libre sácale partido para enriquecer tu mente.

7. Duerme las horas que necesites 

Los adultos necesitamos unas 7 u 8 horas de media de sueño para afrontar el día con energía y plenas capacidades físicas y mentales. Averigua cuántas horas de sueño necesitas en tu caso en particular y procura cumplirlas.

 8. Cuida y potencia tus relaciones personales 

Las relaciones positivas y enriquecedoras con nuestra familia y nuestros amigos nos mantienen alegres, estimulan nuestro ingenio, mantienen nuestra mente despierta y ensanchan nuestro espíritu.

9. Cuida tu imagen

Cuando nos sentimos guapos nos sentimos mejor con nosotros mismos y esto se refleja en nuestra relación con los demás. A estas alturas de la vida contamos con la ventaja de saber lo que nos favorece y lo que no, pero no siempre encontramos los momentos que necesitamos para cuidar los detalles de nuestro aspecto.

Sacar tiempo para cuidar nuestra imagen es una buena inversión que compensa y nos da una mayor seguridad.

10. Piensa en positivo

Afrontar la vida desde una óptica de optimismo favorece nuestra mente y nuestro espíritu, pero se ha comprobado que también beneficia nuestro sistema cardiovascular.

Las personas optimistas afrontan mejor los retos, superan mejor las dificultades y disfrutan más de los logros. Las personas optimistas son un imán para los demás, son más felices y sacan más partido a su vida.


Dra. Dª. Ana María Roca Ruiz

Médica y Odontóloga. Máster en Nutrición

Sunday, March 6, 2011

EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO, FUENTE DE SANACIÓN.

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EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO,
FUENTE DE SANACIÓN.

Un día, en la mayoría de los casos, siendo pequeños, recibimos las aguas bautismales, y también en la mayoría de los casos, ahí quedó eso. Lo hemos recordado, a lo máximo, y muy pocas veces el sentido del bautismo lo hemos revivido, salvo cuando hemos asistido a un acto en donde se han renovado las promesas bautismales.

Hemos olvidado que por el bautismo, los hombres, "libres del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de los hijos de adopción y celebran con todo el pueblo de Dios el memorial de la muerte y resurrección del Señor". (Vat. II. Ad gentes, n 14)

Así, pues, por el bautismo los hombres reciben la más grande de las sanaciones, los liberan del poder del mal, les perdona todo pecado y quedan puros e inmaculados, convertidos en nueva criatura por el agua y el Espíritu Santo.

No hay momento, en la vida del hombre, más grande que el de su bautismo, porque a través del mismo recibe la mayor de las sanaciones. Pero hay más; el bautismo imprime carácter, señal indeleble, es fuente perenne, para que perdure a través de la vida, lo que se recibió en un momento dado.

Que actualicemos cada día nuestro bautismo, dependerá de nosotros.
Que recibamos la sanación del bautismo cada día, será nuestro reto.
Siento con pena que los cristianos no nos aprovechamos del tesoro que tenemos en nuestras manos, y no obstante corremos desesperados hacia otras aguas buscando sanación.

Pretendemos ayudar a nuestros hermanos, haciéndoles descubrir el valor del bautismo, presentando y comentando algunos textos del rito del bautismo.

El acto del bautismo es un acto libre de la persona, que dará su consentimiento personalmente o a través de sus padres y padrinos. Es un punto muy importante a tener en cuenta; Es el primer paso en el rito bautismal.
A continuación se ora por los que se van a bautizar y por sus padres y padrinos, por la responsabilidad que van a contraer.
Antes de entrar en la liturgia del sacramento, el sacerdote dice una oración de exorcismo con estas palabras:
"Dios todopoderoso y eterno, que has enviado a tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas al Reino de tu luz admirable; te pedimos que este niño (o esta persona) lavado del pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en él. Por Cristo nuestro Señor. Amen."

Otra fórmula de la oración de exorcismo dice así: "...Por la fuerza de la muerte y resurrección de tu Hijo, arráncalos del poder de las tinieblas y, fortalecidos con la gracia de Cristo, guárdalos a lo largo del camino de la vida."

Con estas oraciones, el sacerdote, en nombre de la Iglesia, está pidiendo que los que se van a bautizar se vean libres de todo pecado para que sean templo del Espíritu Santo, y esto a lo largo del camino de la vida. La sanación que se pide es para todos los días de la vida.
Para que lo entendamos mejor, haremos una oración pidiendo la sanación de una enfermedad física. "Dios todopoderoso, por la fuerza de la muerte y resurrección de tu Hijo, arranca el cáncer que invade y está pudriendo este cuerpo y devuélvele la salud completa para todos los días de su vida". ¡Cuál no sería nuestro asombro si esto se realizase! Y no nos damos cuenta que el bautismo hace algo mucho más grande, con toda la eficacia y siempre.

Y para cubrir de fortaleza al nuevo bautizado, prosigue el celebrante:
"Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca, te ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo. Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen".
Se hace la unción en el pecho con el óleo de los catecúmenos, consagrado por el obispo en Semana Santa.

La liturgia del sacramento nos presenta un elemento esencial: el agua. El agua que es vital para la vida de las plantas, de los animales y del mismo hombre. El agua, pura y cristalina, que lava y limpia toda suciedad. Esa misma agua es escogida en el sacramento del bautismo como el símbolo de lo que realmente hace el bautismo en el hombre: limpia toda mancha y da vida nueva. Por eso el celebrante, antes de proseguir el acto, recuerda a todos los presentes la admirable providencia de Dios, que ha querido santificar el alma y el cuerpo del hombre por medio del agua.

La bendición del agua bautismal, que se hace en estos momentos, viene a recordar los diversos momentos de la historia de Israel (el diluvio, el paso del mar Rojo, Jesús bautizado con el agua del Jordán) en donde el agua fue protagonista y símbolo de lo que se iba a realizar a través de Cristo. Termina con esta oración, mientras el celebrante toca con su mano derecha el agua:
"Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el Bautismo, resuciten con él a la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén".

Hay un momento muy importante en la liturgia del sacramento. Dios, por Cristo, va a realizar una obra admirable en el bautizado, que solo Él lo puede realizar. Pero Dios no actuará, en ningún momento, contra nuestra libertad y es ahí en donde se le pide:
  • Renunciar a Satanás, a sus obras y seducciones para que Dios pueda liberarlo de todo pecado y culpa.
  • Realizar una triple profesión de fe, creyendo en Dios Padre, en Dios Hijo Y en Dios Espíritu Santo, para que Dios pueda darle nueva vida y hacerle hijo suyo.
Tanto la renuncia como la profesión de fe, ciertamente no puede hacerla personalmente cuando quien se bautiza es un niño, por eso los padres y los padrinos lo hacen en su nombre, y además se comprometen a guardar y a cultivar esa nueva vida que brota del amor de Dios. Los padres y padrinos deberán esforzarse en educarle en la fe con su palabra y con su ejemplo, de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en ellos de día en día.

Confirmado, una vez más, el deseo de recibir el bautismo en la fe de la Iglesia que acaba de profesar, el celebrante procede al rito del bautismo, diciéndole al bautizado por su nombre:
"yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo", al mismo tiempo que le derrama por tres veces el agua sobre su cabeza. El bautismo se puede realiza, también, por inmersión. Un detalle; al final de la fórmula no se dice "Amén"; "amen" indica un deseo, una súplica, de que así se cumpla, así sea. Pero las palabras del bautismo son eficaces, el pecado queda borrado y la gracia se derrama automáticamente; no cabe ya ningún deseo ni súplica.

Acto seguido del bautismo, sigue un rito de la mayor importancia, que tiene la mayor trascendencia. Se unge con el Santo Crisma al nuevo cristiano. La unción es un llamado, una consagración. Se unge a los reyes, se unge a los sacerdotes, se ungía a los profetas y se ungen también las iglesias que van a ser consagradas. El celebrante unge en la coronilla del bautizado y dice:
"Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, os consagre con el Crisma de la salvación para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Amén".

¡Cómo no celebrar con júbilo, cada día, la vivencia de nuestra consagración formando parte del pueblo de Cristo e injertados para siempre como miembros del cuerpo de Cristo! ¡Cómo no recordar cada día nuestra dignidad!
Viene a continuación tres ritos que son tres signos que manifiestan lo que ha sucedido en el bautizado.
  1. Se le impone la vestidura blanca como signo de la dignidad del cristiano y para decirle que la conserve sin mancha hasta la vida eterna.
  2. Se le entrega una vela encendida en el cirio Pascual (símbolo de Cristo) y se le dice: "Recibid la luz de Cristo". Caminad siempre como hijos de la luz.
  3. El celebrante toca con el dedo pulgar los oídos y la boca del bautizado y le dice: "El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén".
La alegría de todos los presentes en el acto se une a la alegría de recién bautizado. Ha recibido la dignidad de hijo de Dios y se une a todo el pueblo santo. Por ello es el momento en que todos juntos se pueden dirigir a Dios como Padre, con la oración del PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS...

Termina el rito del bautismo con la bendición del sacerdote. Bendice a las madres por el fruto de sus entrañas. Bendice a los padres para que, junto con sus esposas, sean los primeros que den testimonio de la fe ante sus hijos. Bendice a todos los presentes para que siempre y en todo lugar, sean miembros vivos del pueblo de Dios y que la paz reine en sus corazones.

Y finalmente dice:
"La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén."

Para terminar hay que añadir que el bautismo, al mismo tiempo que es una sanación integral del hombre principalmente a nivel espiritual, realiza también sanación física en muchos casos. "Si es capaz de sanar de raíz el mal del hombre, ¿cómo no será eficaz para curar toda otra consecuencia como la enfermedad?" El P. Darío Betancourt, en su libro "Fuentes de Sanación" cita varios casos en los cuales, los niños estando enfermos y sin esperanzas, recibido el bautismo "in extremis", se recuperaron y se salvaron.

LA SANACION A TRAVÉS DEL PERDON.

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LA SANACION A TRAVÉS DEL PERDON.

Todos deseamos la salud y cuando nos enfermamos, buscamos la sanación tanto acudiendo a los médicos como pidiendo que oren por nosotros. Y no siempre vemos resultados en ello; más aún, con el tiempo los males se agravan. "Hay pocas cosas que sean una barrera mayor para la sanación que la falta de perdón. Muchas veces la gente con poca fe se sana por la tremenda fe de la comunidad, pero si las personas por las cuales se ora albergan falta de perdón, no serán sanadas hasta que no hayan perdonado. El poder sanador de nuestro Señor Jesucristo no puede penetrar a través de la falta de perdón". 

("Ministerio de sanación" del P. Roberto De Grandis.)

De la misma manera, en nuestra vida espiritual sentimos sequedades, noches obscuras, poca atracción en la oración y a pesar de nuestros esfuerzos, poco o nada adelantamos. Es cierto que muchas veces las sequedades y el no sentir gusto en la oración, son una prueba de Dios; pero en la mayoría de los casos, es porque tenemos bloqueos en nuestro interior que no nos dejan abrirnos al amor de Dios.

Una de las raíces de nuestras enfermedades tanto físicas como espirituales, la encontramos en la falta de perdón.

Ante alguien que nos ataca, que viene para hacernos daño, tanto en forma real como desde nuestra percepción subjetiva, surge en nosotros el miedo, el enojo, el creernos culpables, el replegarnos dentro de nosotros mismos para defendernos. "Cuando hemos sufrido, conscientemente o no, hemos culpado a alguien por nuestro dolor o por nuestro fracaso. Y la falta de perdón a ese que culpamos es lo que ha trastocado nuestra armonía interior, y sigue siendo una espina que no nos deja vivir libres. El perdón es lo que desata el nudo interior y libera al hombre angustiado." ("Sanar un amor herido" de Víctor Manuel Fernández).

"¿Cómo manejo el enojo, o la culpa? El enojo y la culpa son buenos en tanto me ayuden a odiar el mal en una situación dada, de modo que pueda cambiar lo que deba ser cambiado. Pero el enojo y la culpa me pueden enfermar si me llevan también a odiar más que a perdonar al que hace el mal. Si me enojo necesito perdonar al otro, y si me siento culpable necesito perdonarme a mí mismo. El perdón es la clave para la salud física y emocional.". ("Curso de oración" de los hermanos Linn).

EFECTOS DE LA FALTA DE PERDÓN.

Están bien reconocidos tanto por psicólogos como por directores espirituales.
  1. A nivel espiritual. Toda la vida espiritual gira alrededor del amor de Dios. S. Juan, en su primera carta (4, 7-10), nos manifiesta que el amor nos viene de Dios y no que nosotros hayamos amado a Dios.
  2. 2,-Cuando no perdonamos, cuando negamos nuestro amor al hermano, estamos poniendo trabas al amor de Dios, y entonces nos quedamos secos de amor y por más que hagamos y luchemos, no adelantamos. "Al estar llenos de odio hacia nuestros semejantes, no podemos recibir el amor de Dios que nos llega por medio de ellos. Jesús está allí en nuestro prójimo (Mat. 24, 45), y al alejarnos del prójimo nos alejamos de Jesús". (Hermanos Linn) 
    En donde más se nota en este alejarnos de Jesús es en la oración. Hay mucha dificultar para orar y cuando se ora no vemos respuestas; y no solo en el pedir nos encontramos a obscuras, sino también en la alabanza, en donde se traduce en un repetir frases de boca y nada más; nuestro corazón queda cerrado por la falta de perdón. El mayor bloqueo que ponemos en nuestra vida espiritual es la falta de perdón, aunque no tengamos conciencia de esa falta de perdón. Oigamos las palabras de S. Juan: "Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor". No olvidemos que solo tendremos una vida espiritual viviendo en Dios y con Dios. ¿Cómo podremos tener contacto con Dios si no lo conocemos? Podremos volver a orar y recibir de nuevo el amor sanador del Padre cuando podamos perdonar.
     
  1. A nivel físico. La falta de perdón engendra odio, venganza, resentimiento, tristeza y ellos envuelven toda nuestra vida emotiva. Tal estado produce tensión en nuestro sistema nervioso y a través de los años esta tensión influye en nuestra parte física; muchas enfermedades son fruto de estos estados de tensión y sufrimiento. No hay que olvidar que el hombre forma una unidad en su parte física, espiritual y psíquica; cualquier parte de ellas que esté enferma, repercute en las demás. En la práctica lo vemos cada día, cuando alguien dice: "Se me encoge el estómago cuando pienso en mi marido, o cuando pienso en mi mujer, o cuando pienso en esta o aquella persona"; el recuerdo de una persona que nos ha herido y no la hemos perdonado nos revuelve las entrañas y nos afecta la parte física.
Muchas personas continuamente están pidiendo oración por sus enfermedades físicas y no encuentran resultados positivos. Pero cuando se han abierto al perdón, vieron con sorpresa que sus enfermedades físicas también sanaban. Incluso de artrosis profundas se han visto librados cuando a través de Jesús han perdonado, tal como transcribe un testimonio el P. Emiliano Tardif en su libro "Jesús está vivo". La deducción es clara; estas enfermedades estaban causadas por la falta de perdón.

NECESIDAD DE PERDONAR PARA SANAR.

El perdón es la clave para la salud física y espiritual. Qué triste es ver a tantas personas que viven y conviven con odio, con rencor, sin perdonar a los que en un momento de su vida les ofendieron y les causaron daño. Pero mucho más triste es ver que esas mismas personas rezan continuamente el Padre nuestro que Jesús nos enseñó, sin tomar en cuenta sus palabras. "Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". No podemos recibir el perdón de Dios, su amor, si nosotros no perdonamos. Bien claramente nos lo dice Jesús: "Cuando os pongáis a orar, si tenéis algo contra alguien, perdonádselo, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados. Pues si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará vuestras culpas." (Mc. 11, 25-26)

El Señor nos habla con gran claridad. Si no perdonas, serás incapaz de recibir perdón por estar resistiendo a la Luz. No perdonar es permanecer en la obscuridad y sin amor con lo que se impide obtener el perdón de Dios.

La relación de nuestros pecados y ofensas que nosotros cometemos contra Dios no tienen nada que ver en magnitud con las ofensas que un hermano nos puede causar. Y a pesar de ello, Dios nos perdona nuestros pecados que son mucho más grandes, con tal que nosotros perdonemos a nuestro hermano, en cosas tan pequeñas. El mismo Jesús nos da un ejemplo práctico para que mejor lo entendamos, cuando nos presenta aquel señor que perdona a su siervo una deuda inmensa que no podía pagar, solo porque se lo pidió, y este mismo siervo no es capaz de perdonar a un compañero que le debía una suma irrisoria. Conocemos cual fue la reacción del señor: que su siervo sea llevado a la cárcel hasta saldar su cuenta, hasta siempre. (Mt. 18, 23-35).

Perdonar, perdonar, perdonar siempre y ante cualquier circunstancia y ofensa. Jesús, dándonos ejemplo, desde la cruz perdonó a sus verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lc. 23, 34) Y Jesús era completamente inocente. ¿Y yo soy siempre inocente ante la ofensa de otro?
"Muchos piensan que perdonar es perder y no se dan cuenta que es ganar porque nos libera de nuestros odios y resentimientos; nos asemeja a Jesús que amó y perdonó a sus enemigos y nos abre el perdón y la gracia de Dios. Perdonar es resucitar en nosotros la nueva vida traída por Jesús. Perdonar y pedir perdón es como un relámpago que anuncia una lluvia fecunda". (P. Emiliano Tardif).

¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA PERDONAR?

La respuesta nos la da el mismo Jesús; "Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian" (Lc.6, 27 - 28). Cuando captamos la necesidad de perdonar estas son las tres cosas que hay que hacer, según Jesús: Amar, hacer el bien a la persona y orar. 

1.-El primer paso es amar. El amor no significa un sentimiento superficial y efusivo; el amor es una decisión. No resulta fácil amar a quien nos causó daño; a nivel humano es casi imposible. Es posible, con todo, si amamos con Jesús, tal cual Él la ama.
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  2. 2.-El siguiente paso, es hacer algo, a la persona que nos dañó, con amor junto con Jesús. Pronto nos daremos cuenta que lo que no deseábamos hacer antes, empezamos a desearlo
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  4. 3.-El tercer paso, es orar compartiendo nuestro corazón con Jesús y tomando el suyo para hacer el bien de esa persona y de nosotros.
"Mientras más hagamos esto, más agradecidos estaremos, no por el mal mismo sino por el desarrollo que se genera o puede generarse de él, cuando amamos sin egoísmos y sin esperar recompensa. En el grado en que sabemos agradecer un daño, somos sanados". (Hermanos Linn)

¿A QUIEN DEBEMOS PERDONAR?

En el fondo de toda herida interior hay un sufrimiento que nos hace culpar a alguno de ese mal. Pueden ser los propios padres, hermanos, personas allegadas; puede ser igualmente que a quien culpamos sea el mismo Dios; Y muchas veces nos culpamos a nosotros mismo.
  1. Perdonar al próximo. En nuestra relación unos con otros, cada día nos herimos y nos dañamos. Y cada día nos debemos perdonar unos a otros para que no se vayan acumulando en nuestro interior bloqueos y ataduras.
  2. Perdonar no significa dejar de ser hombres y perder la propia psicología, o convertirse en un ángel. No hay que entender el perdonar como una anulación del pasado y de la propia sensibilidad. A una madre a quien le han matado a su hijo no se le puede pedir que tenga cariño por el asesino, si bien es una meta a la que se llega después de un largo camino. 
     
    El perdón es un acto de la voluntad y no del sentimiento. Por eso el primer paso que hay que dar es "querer" perdonar. Hay que rechazar todo sentimiento de odio, de venganza, de rencor, de desear el mal a quien nos ha herido, que pague, que no pase inadvertido lo que nos hizo. Mientras quede un mínimo y velado deseo de venganza, será como un veneno que nos carcome lentamente, nos quita la alegría de vivir, nos deja sin fuerzas para luchar, no permite que maduremos, que demos amor, etc. Debemos pedir a Dios la gracia de salir de esa cárcel asfixiante, pedir la gracia de "querer" perdonar.  
    Muchas veces el perdón es superficial, solo aparente, no brota del corazón. Ese perdón no libera, Sabremos que no hemos perdonado de verdad si deseamos que la persona que nos hizo daño le vaya mal, trato de criticarlo, no soporto que hablen bien de él, no quiero recordarlo, me molesta mucho si lo veo pasar o lo encuentro en una reunión. El verdadero perdón cristiano es incondicional; es liberar al otro de tener que sufrir por lo que me hizo. El perdón auténtico incluye la decisión de amar al otro tal cual es. (Extracto del libro "Sanar un amor herido" de V. M. Fernández).
     
  1. Perdonarse a sí mismos. Muchos cristianos pueden perdonar fácilmente a otros, pero no a sí mismos. Tal vez éste sea uno de los aspectos más difíciles para algunos. Aunque comprenden que Jesús les ha perdonado, no son capaces de perdonarse a sí mismos por sus pecados y ofensas; por errores cometidos, por haber sido infieles a los propios ideales, por haber defraudado a otros, por haber fracasado en algo, por no ser perfectos, etc.
  2. La situación se agrava, si en nuestra infancia o adolescencia se burlaron de nosotros y ahora queremos demostrarnos que somos superiores.  Para recuperar el equilibrio interior es necesario perdonarse a sí mismo. Para ello hay que reconocer que no somos perfectos, que cometeremos errores, que somos limitados, que tenemos luz y tinieblas, que no somos ángeles, etc. Pero también hay que reconocer que somos una criatura creada por Dios y que Él nos ama, que nos ha llenado de dones y cualidades, y que nos debemos amar como Él nos ama, aceptar como Él nos acepta, perdonar como Él nos perdona. El amar a Dios incluye no olvidarse de sí mismo, dándonos los pequeños y sanos gustos de la vida.
     
  1. Perdonar a Dios. Otro de los obstáculos en la oración de sanación es el resentimiento subconsciente hacia Dios. Esto es más común de lo que imaginamos. Si bien reconocemos que Dios es perfecto y que no puede equivocarse, sin embargo subjetivamente nos revelamos contra Él cuando, ante ciertas circunstancias de la vida, lo vemos injusto, malo con nosotros, castigador. Ante la muerte de un ser querido o de una persona joven, cuando nuestra oración creemos que no es escuchada, ante una enfermedad o una contrariedad, principalmente si nos creemos buenos y creemos injusto lo que nos hace.
También en este aspecto necesitamos perdonar. Para ello nos puede ayudar lo siguiente. Dios nunca manda cosas malas, solo las "permite". Dios respeta el curso natural de las cosas, y ordinariamente no hace milagros. Que muchas de las cosas malas que nos suceden son obra de nuestra condición humana y que Dios no las quiere. Que hay cosas negativas en la vida que a la larga pueden producir algo bueno, aunque nosotros no lo veamos. Y sobre todo, pensar que Dios nos ama con el más puro amor de Padre y que Él todo lo ordena para nuestro bien, siempre que nosotros no lo desviemos.

No permitamos quedarnos con el sentimiento de que Dios es injusto. Presentémonos ante Dios y digámosle que nos sentimos "ofendidos". Vayamos a Él como amigo y digámosle las cosas claras porque sabemos que con el amigo todo tiene una solución. Si no somos sinceros no podremos sanarnos y nuestra relación con Dios se irá debilitando. Dios mismo nos invita a presentarle nuestras quejas, a discutir con Él. "Vengan y discutamos, dice Yahvé" (Is. 1, 18)

Señor Jesús, derrama tu Espíritu sobre mí, para que pueda entender la necesidad de perdonar y dame la fuerza necesaria para que yo, en Tu nombre, "quiera" perdonar a los que tanto me han ofendido. Amén.

NOTA.- Si te puede ayudar para pedir perdón, te presentamos aqui mismo en el Blog una oración que presenta diversas circunstancias de la vida en donde pudo haber ofensa, pero tú déjate llevar por el Espíritu para que te guíe a personas o grupos que tu necesitas perdonar. Buscala en la seccion "Oraciones de Sanacion".

ORACIÓN DE PERDÓN

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ORACIÓN DE PERDÓN
(P. Roberto De Grandis)


Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en mi vida. Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar. Te doy gracias porque Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo.

"Señor Jesucristo, hoy quiero perdonarme por todos mis pecados, faltas y todo lo que es malo en mí y todo lo que pienso que es malo. Señor, me perdono por cualquier intromisión en ocultismo, usando tablas de uija, horóscopos, sesiones, adivinos, amuletos, tomado tu nombre en vano, no adorándote; por herir a mis padres, emborracharme, usando droga, por pecados contra la pureza, por adulterio, aborto, robar, mentir. Me perdono de verdad.

"Señor, quiero que me sanes de cualquier ira, amargura y resentimiento hacia Ti, por las veces que sentí que Tú mandaste la muerte a mi familia, enfermedad, dolor de corazón, dificultades financieras o lo que yo pensé que eran castigos. ¡Perdóname, Jesús, Sáname!

"Señor, perdono a mi madre por las veces que me hirió, se resintió conmigo, estuvo furiosa conmigo, me castigó, prefirió a mis hermanos y hermanas a mí, me dijo que era tonto, feo, estúpido o que le había costado mucho dinero a la familia, o cuando me dijo que no era deseado, que fui un accidente, una equivocación o no era lo que quería.

"Perdono a mi padre por cualquier falta de apoyo, falta de amor, o de afecto, falta de atención, de tiempo, o de compañía, por beber, por mal comportamiento, especialmente con mi madre y los otros hijos, por sus castigos severos, por desertar, por estar lejos de casa, por divorciarse de mi madre, por no serle fiel.

"Señor, perdono a mis hermanos y hermanas que me rechazaron, dijeron mentiras de mí, me odiaron, estaban resentidos contra mí, competían conmigo por el amor de mis padres; me hirieron físicamente o me hicieron la vida desagradable de algún modo. Les perdono, Señor.

Señor, perdono a mi cónyuge por su falta de amor, de afecto, de consideración, de apoyo, por su falta de comunicación, por tensión, faltas, dolores o aquellos otros actos o palabras que me han herido o perturbado.

"Señor, perdono a mis hijos por su falta de respeto, obediencia, falta de amor, de atención, de apoyo, de comprensión, por sus malos hábitos, por cualquier mala acción que me puede perturbar.

"Señor, perdono a mi abuela, abuelo, tíos, tías y primos, que hayan interferido en la familia y hayan causado confusión, o que hayan enfrentado a mis padres.
"Señor, perdono a mis parientes políticos, especialmente a mi suegra, mi suegro, perdono a mis cuñados y cuñadas.

"Señor, hoy te pido especialmente la gracia de perdonar a mis yernos y nueras, y otros parientes por matrimonio, que tratan a mis hijos sin amor.
"Jesús, ayúdame a perdonar a mis compañeros de trabajo que son desagradables o me hacen la vida imposible. Por aquellos que me cargan con su trabajo, cotillean de mí, no cooperan conmigo, intentan quitarme el trabajo. Les perdono hoy.

"También necesito perdonar a mis vecinos, Señor. Por el ruido que hacen, por molestar, por no tener sus perros atados y dejar que pasen a mi jardín, por no tener la basura bien recogida y tener el vecindario desordenado; les perdono.

" Ahora perdono a mi párroco y los sacerdotes, a mi congregación y mi iglesia por su falta de apoyo, mezquindad, falta de amistad, malos sermones, por no apoyarme como debieran, por no usarme en un puesto de responsabilidad, por no invitarme a ayudar en puestos mayores y por cualquier otra herida que me hayan hecho; les perdono hoy.

"Señor, perdono a todos los profesionales que me hayan herido en cualquier forma, médicos, enfermeras, abogados, policías, trabajadores de hospitales. Por cualquier cosa que me hicieron; les perdono sinceramente hoy.

"Señor, perdono a mi jefe por no pagarme lo suficiente, por no apreciarme, por no ser amable o razonable conmigo, por estar furioso o no ser dialogante, por no promocionarme, y por no alabarme por mi trabajo.

"Señor, perdono a mis profesores y formadores del pasado así como a los actuales; a los que me castigaron, humillaron, insultaron, me trataron injustamente, se rieron de mí, me llamaron tonto o estúpido, me hicieron quedar castigado después del colegio.

"Señor, perdono a mis amigos que me han decepcionado, han perdido contacto conmigo, no me apoyan, no estaban disponibles cuando necesitaba ayuda, les presté dinero y no me lo devolvieron, me criticaron.

"Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar a esa persona que más me ha herido en mi vida. Pido perdonar a mi peor enemigo, la persona que más me cuesta perdonar o la persona que haya dicho que nunca la perdonaría.

"Gracias Jesús, porque me estás liberando del mal de no perdonar y pido perdón a todos aquellos a los que yo también he ofendido. Gracias, Señor, por el amor que llega a través de mí hasta ellos. Amén."

¿Por qué debemos confesarnos antes de comulgar?

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¿Por qué debemos confesarnos antes de comulgar?
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:

Padre. Si Dios nos ama a todos y nos acepta tal y como somos. ¿por qué para tomar la sagrada Hostia se supone que debemos estar sin pecado alguno?. Todos los días pecamos, y Dios es un ser misericordioso que se alegra cuando sus ovejas regresan. No creo que Dios te rechace por esto. ¡Expliqueme!
Respuesta: Estimada:

El Catecismo (n. 1384) nos recuerda que 'El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: 'En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros' (Jn 6, 53)'.

Pero también nos dice a continuación (n. 1385): 'Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: 'Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo' (1 Co 11, 27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar'.

Usted dice que Dios nos ama a todos, y en esto tiene razón. Pero añade a continuación 'y nos acepta tal y como somos', y en esto se equivoca. Dios nos quiere santos. Jesucristo no comenzó su predicación diciendo 'quédense como están porque yo los acepto así', sino: 'convertíos y creed en el Evangelio'. Y dio su vida por nosotros en la Cruz para que cambiásemos de vida. Si Dios nos quiere a todos tal como somos, debemos respetar a los ladrones y a los homicidas porque Dios los quiere tal como son, ¿quiénes somos nosotros para obligarlos a cambiar o para meterlos en la cárcel?

San Pablo mismo dice (y está citado en el texto del Catecismo) que quien come el Cuerpo o la Sangre de Cristo 'indignamente' será reo y come y bebe su propio castigo.

Por esta razón añade el Catecismo (n. 1386): 'Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión: 'Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme'. En la Liturgia de san Juan Crisóstomo, los fieles oran con el mismo espíritu: A tomar parte en tu cena sacramental invítame hoy, Hijo de Dios: no revelaré a tus enemigos el misterio, no te daré el beso de Judas; antes como el ladrón te reconozco y te suplico: ¡Acuérdate de mí, Señor en tu reino!'.

¿Qué quiere decir estar en Gracia?

¿Qué quiere decir estar en Gracia?
P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:

Estimado Padre:
Mi hijo de 8 años que está yendo al catecismo me ha preguntado hace unos días qué quiere decir estar en gracia. Yo le he respondido: “no tener ningún pecado grave”; pero él me dijo que su catequista le había enseñado otra cosa, aunque no recordaba bien qué era. Esto me ha dejado confundida. Agradeceré su aclaración.
Respuesta:
Estimada Señora:

Su respuesta es correcta. Sólo que es la mitad de la respuesta, y la mitad que falta es la más importante. Es muy probable que el catequista de su hijo se haya referido a esa otra mitad que el niño ha olvidado. Su pregunta viene bien para recordar esta doctrina de nuestra fe tan importante como consoladora.


Dice Nuestro Señor en la Última Cena:
Si alguno me ama, obedecerá mi palabra, y el mi Padre lo amará, y nosotros vendremos a él y haremos una morada en él... El Consolador, el Espíritu Santo que el Padre mandará en mi nombre, os enseñará toda cosa y os recordará todo lo que yo os he dicho (Jn 14,23).

Estas palabras nos llenan de consuelo y nos recuerdan de dos verdades de nuestra fe que lamentablemente no todo cristiano conoce como debiera: la inhabitación trinitaria y la gracia santificante.


«Inhabitación trinitaria» quiere decir que la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitan, están presentes, hacen su morada, en el alma del que vive en gracia. «Gracia» es, en cambio, ese don misterioso que nos hace Dios, para que pueda venir la Santísima Trinidad a nuestra alma.


1. La inhabitación trinitaria


Es una verdad de fe que Dios está presente en el alma del justo, es decir, del que está en gracia. Lo hemos escuchado del Evangelio de hoy. Pero esto lo repite la Sagrada Escritura en muchos lugares:
El que vive en caridad... Dios está en él (1Jn 4,16); ¿No sabéis... que Dios habita en vosotros? (1Co 3,16-17); El Espíritu Santo... que mora en nosotros (2Tim 1,14).

Es verdad que Dios está en todas las cosas, y que Jesucristo está presente con su cuerpo, alma, sangre y divinidad en la Eucaristía. Pero de un modo especial está en el alma del que vive en gracia.


Uno puede preguntarse ¿para qué? Responde Santo Tomás: «para que uno pueda gozar y disfrutar de Dios». Así como el avaro se goza en las riquezas que posee, así como la madre se goza y disfruta con el hijo pequeño que tiene entre sus brazos, así Dios viene a nuestra alma:
  • para que disfrutemos de Él;
  • para que podamos hablar con El: como un hijo habla con su Padre, como el amigo con su amigo, como la esposa con su esposo;
  • para que podamos escucharlo y así se convierta en nuestro maestro (os enseñará todas las cosas);
  • para que nunca estemos solos;
  • para que lo que será el Cielo después de esta vida, empiece ya en ésta.
2. La gracia santificante

Y ¿qué es la gracia? La gracia o gracia santificante es un don de Dios. Es una realidad espiritual sobrenatural que Dios infunde en nuestra alma. La Escritura habla de ella de distintas maneras: San Pedro la describe diciendo que es una participación de la naturaleza divina en nosotros (cf. 2Pe 1,4); San Pablo la llama «nueva creación», «hombre nuevo»; San Juan la llama «vida eterna en nosotros».


Como es una realidad espiritual, nos es muy difícil imaginarla. Pero es una realidad, y
está presente en el alma de quien no tiene pecado. Y de aquí su nombre: gracia quiere decir al mismo tiempo «regalo» y también «brillo, belleza». Es un regalo divino por el cual el alma se embellece. La gracia, es por eso, descrita por los santos como luz, belleza, calor, fuego.

¿Para qué hace Dios esto? Precisamente para que podamos recibir en nuestras almas a la Santísima Trinidad. ¿Cómo puede venir Dios, que es totalmente espiritual, totalmente santo, infinito, a quien no pueden contener los cielos, ante quien caen de rodillas los ángeles... cómo puede venir al alma pobre, miserable, pequeña, débil, de un ser humano? Debe primero prepararla, para que sea capaz de contener a Dios.


Y para esto es la gracia. Es como el nido que Dios mismo se prepara en el corazón del hombre, para poder luego anidar en él. Es más Dios comienza a habitar en el alma en el mismo momento en que nos da la gracia: vienen juntos, desaparecen juntos: Dios deja de estar en el alma, cuando el alma pierde la gracia.


¿Cuándo nos da Dios la gracia? Ante todo en el bautismo. Esa es la primera vez. Y Dios la da para siempre, para que tengamos el alma en gracia y a Dios en el alma para siempre. Pero si la perdemos por el pecado (se pierde por cualquier pecado mortal) por su infinita misericordia, nos devuelve la gracia en el sacramento de la confesión, en el momento en que nos borra nuestros pecados.


Por eso, cuando nos preguntan ¿qué quiere decir estar en gracia? Y respondemos «no tener pecado mortal», decimos la mitad y la mitad más pobre: es infinitamente más que no tener pecado. Es como si dijéramos que un palacio es un lugar donde no hay chanchos o basura... Es más que eso, no hay chanchos ni basura, y hay, en cambio, orden, limpieza y un rey. Describimos la gracia por lo negativo, pero hay que hablar de ella por lo que tiene de positivo.


Por eso es que frente a un alma en gracia, el mismo demonio huye aterrado. No puede sostenerse en su presencia. Santa Teresita a los cuatro años tuvo un sueño que le quedó impreso para siempre en la memoria. Ella lo cuenta así: «Soñé que paseaba sola por el jardín. De pronto cerca de la glorieta, vi dos feos diablos que bailaban sobre un barril. Al verme clavaron en mí sus ojos, y en un abrir y cerrar de ojos los vi encerrarse en el barril, poseídos de terror. Escaparon y por una rendija se ocultaron en el sótano. ¿Qué les había picado? Viéndoles tan cobardes, quise saber qué temían. Me acerqué a la ventana y vi que corrían por las mesas sin saber dónde huir para esconderse de mi mirada. De vez en cuando se aproximaban a la ventana y espiaban, al verme cerca volvían a correr despavoridos como auténticos condenados. Yo creo que Dios se sirvió para mostrarme que un alma en gracia, no debe temer al demonio, tan cobarde ante la presencia de una niña».


Todos podemos deducir aquí la importancia que esto tiene. Estar en gracia, debe ser nuestro mayor anhelo, nuestro único deseo. Y nuestra única tristeza ha de venir por no poseer esa gracia. Pidamos a Dios que siempre nos conceda el vivir cumpliendo sus mandamientos, para así —al no tener pecado— podamos vivir en gracia y tener presente en nuestras almas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.