Sunday, March 6, 2011

Conoce tu grupo sanguíneo

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Conoce tu grupo sanguíneo

¿Cuál es tu grupo sanguíneo? Conocer tu grupo puede ayudarte en situaciones de urgencia en que tengas que donar para ayudar a otras personas o tú mismo precises de una transfusión. También puede ser interesante saberlo si estás buscando un embarazo. Descubre por qué.

1. Los distintos tipos sanguíneos y el factor Rh
2. Importante para las transfusiones
3. La importancia de saber tu grupo sanguíneo
4. Cómo influye en tu salud 
5. ¿Sabías que...?
 

1. Los distintos tipos sanguíneos y el factor Rh

Donación. Las personas con grupo 0, Rh negativo pueden donar cualquier persona y las del grupo AB, Rh positivopueden recibir cualquier tipo de sangre.
Existen cuatro grupos sanguíneos: A, B, AB y 0 (grupo cero). La diferencia entre ellos es la presencia o ausencia de antígenos en cada uno de los glóbulos rojos. Por tanto, el grupo A se llama así porque en sus glóbulos rojos existe el antígeno A, el grupo B tiene el antígeno B, el grupo AB posee ambos antígenos y el grupo 0 carece de los antígenos A y B.

Estos antígenos son proteínas de las células que provocan una respuesta inmune contra aquellos antígenos que no tienen los glóbulos rojos, lo que explica por qué no todos los tipo de sangre son válidos para hacer transfusiones a todo el mundo, ya que no se puede hacer una transfusión con sangre que tenga un determinado antígeno a personas cuyo grupo sanguíneo carezca de ese antígeno.

Es por eso, que las personas con grupo 0 pueden donar a cualquier persona y se refieren dicho grupo 0 como el donante universal. Mientras, los pacientes con grupo AB pueden recibir cualquier tipo de sangre (receptores universales).

Además del grupo, la sangre también se caracteriza por el factor Rh (Rhesus) o antígeno D, que es el que le aporta el valor positivo o negativo al grupo (A+ / A-; B+ / B-; AB+ / AB-; 0+ / 0-).

Cuando el antígeno D está presente en los glóbulos rojos se designa como positivo y si no existe será negativo. Esto también influye en la donación. En general, el factor positivo se da a los pacientes con Rh positivo, y la sangre con Rh negativo a los pacientes con Rh negativo.

2. Importante para las transfusiones
 
Tipos sanguíneos. Cuadro explicativo.


Conocer el grupo sanguíneo es fundamental cuando donamos sangre o cuando nos tienen que trasfundir sangre, ya que no ayudará a seguir las normas básicas de transfusión para que no existan incompatibilidades en la transfusión de sangre de un ser humano a otro.

No se pueden introducir antígenos que un paciente no tenga en su sangre, dado que provocará una reacción de sensibilización alertando el sistema inmunológico y provocando una reacción transfusional.

El individuo con grupo sanguíneo A puede dar al que tiene grupo A y al AB, el B al B y al AB, el AB sólo puede dar al grupo sanguíneo AB y el O puede dar a todos.

En cuanto a la recepción, la Fundación Española de Donantes de Sangre lo explica en el cuadro que reproducimos más abajo.

Los grupos más importantes o representativos por orden son: el A (45%), el 0 (43%), el B (9%) y AB (3%). También en hemodonación hay que tener en cuenta el factor Rh. El 85% de la población tiene factor Rhesus (es decir, es Rh positivo) y el 15% de la población carece del mismo y, por tanto, es Rh negativo.

3. La importancia de saber tu grupo sanguíneo

Conocer tu grupo es de vital importancia ante una situación de urgencia. El que la persona pueda saber su grupo y Rh puede ayudar a salvar la vida a otra persona en una situación de emergencia en donde no es posible esperar a tipar la sangre para conocer su grupo y Rh. Y viceversa, si sabemos cuál es nuestro grupo podrán ayudarnos con mayor rapidez.

Los profesionales sanitarios aconsejan llevar siempre alguna identificación con los datos del grupo sanguíneo y el Rh: carné, pulsera o medallón de un paciente.

Al donar sangre, se envía al paciente un carné con su grupo sanguíneo, pero si la persona no es donante y quiere saberlo, debe comentarlo con su médico. Sólo se necesita una muestra de sangre para determinar el grupo y Rh.

4. Cómo influye en tu salud
 

Tener un grupo sanguíneo u otro no repercute en la salud y el bienestar de las personas, es decir, éstas no son más susceptibles de enfermar por tener un grupo determinado.

Existen teorías erróneas y faltas de evidencia científica que aseguran que un grupo sanguíneo influye en que a los individuos le sienten mejor unos alimentos que otros. A este respecto, los expertos aseguran que la digestibilidad de los alimentos está condicionada por el código genético no por el grupo sanguíneo.

Lo que sí se sabe es que puede existir incompatibilidad entre los cónyuges o parejas debido el grupo sanguíneo y el Rh. El temor más importante es lo que se conoce como Isoinmunización Rh, (también definida como eritroblastosis fetal, enfermedad materno fetal o Enfermedad hemolítica del Recién Nacido).

Se trata de una incompatibilidad del factor Rh del padre en relación a la madre. Cuando un padre es Rh positivo y la madre es Rh negativo, el futuro recién nacido tendrá el Rh dominante, que siempre es el positivo, y que en este caso será el paterno. Como el Rh del bebé es diferente al de la madre puede haber complicaciones si la sangre materna se pone en contacto, en cualquier momento de la gestación, con la del feto.

Esto puede ocurrir por procedimientos interventivos sobre la gestante como riesgo de hemorragia por amniocentisis, punciones de cordón u otras técnicas intrautero, o bien en el momento de dar a luz. Lo que sucede es que si la sangre del bebé se ponen en contacto con la de la madre, ésta queda sensibilizada y crea anticuerpos para defenderse del antígeno que no posee (antígeno D), y en una próxima gestación pueden provocar sensibilizaciones de gran importancia que pueden afectar al futuro bebé.

Este caso extremo no suele darse, ya que la situación puede prevenirse facilitando a la mujer gammaglobulina hiperinmune Anti D, una vacuna mediante la cuál se inyectan ya los anticuerpos formados y se previene que se active su sistema inmunitario (HLA) y forme anticuerpos contra su propio feto si existe contacto.

EL DOLOR SALVÍFICO CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS EN LAS ENFERMEDADES

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EL DOLOR SALVÍFICO
CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS EN LAS ENFERMEDADES
San Alfonso María de Ligorio
Del libro de San Alfonso: “Conformidad con la voluntad de Dios” (quinta meditación, punto 3º). El Santo explica aquí, con un refinado equilibrio, cuál ha de ser la actitud serena y sopesada del enfermo en medio de sus padecimientos.
De modo especial debemos resignarnos a la voluntad de Dios en las enfermedades, abrazándonos con ellas como vienen y para todo el tiempo que Dios quiera que las padezcamos. Podemos y debemos usar de los remedios ordinarios, que también esto es voluntad de Dios, pero si no producen su efecto, conformémonos con su querer, que nos será de más provecho que la misma salud. En estos casos he aquí lo que debemos decir al Señor: “Yo, Dios mío, ni deseo curar ni estar enfermo, sólo quiero lo que Vos quieras”.
Aunque es más perfecto no lamentarse en la enfermedad de los dolores que en ella se padecen, sin embargo no es defecto ni falta de virtud hablar de ellos a amigos, y pedirle a Dios que nos alivie, mayormente cuando la enfermedad nos agobia y martiriza. Entiendo aquí hablar de los grandes padecimientos que nos aquejan, porque es señal de mucha imperfección el quejarse y lamentarse y exigir que todo el mundo se compadezca de nosotros al sentir la menor molestia o el más insignificante malestar. De lo primero nos da ejemplo Jesucristo, que estando por comenzar su dolorosa Pasión, descubrió su angustia a los discípulos diciendo: Mi alma siente gran angustia (Mt 26,38), y pidió al Eterno Padre que le librase de ella: Padre mío, si es posible no me hagas beber de este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya (Mt 26,39). Jesús nos enseña aquí que después de suplicarle al Señor con nuestras plegarias debemos resignarnos luego a su santa Voluntad.
Es servir a Cristo
Personas hay que se forjan la ilusión de desear la salud, no para evitar el sufrimiento, dicen, sino para servir mejor al Señor, para observar con más perfección la regla, para servir a la comunidad, para ir a la iglesia y comulgar, para hacer penitencia y emplearse en los ministerios de la salvación de las almas, confesando y predicando. Pero díme, ¿por qué deseas hacer estas cosas? ¿Para dar gusto a Dios? ¿Por qué andar buscando complacerle, cuando estás seguro de que es de su agrado que no reces como antes, ni comulgues, ni hagas penitencia, ni estudies ni prediques, sino que con paciencia estés tranquilo en tu lecho soportando los dolores que te aquejan? Une entonces tus dolores a los de Jesús.
Pero lo que me desagrada, dice otro, es que estando enfermo soy carga para la comunidad y doy pesadumbre a la casa. Pero si tú te resignaras a la voluntad de Dios, debes creer que tus superiores harán lo mismo, viendo que no por mala voluntad, sino por voluntad de Dios eres gravoso a la casa. Pero ¡ah!, que estas quejas y lamentos no nacen ordinariamente de amor a Dios, sino del amor propio, que va buscando pretextos para sustraerse a la Voluntad del Señor. Si de veras queremos complacerle, cuando nos veamos clavados en el lecho del dolor, digámosle estas solas palabras: “Hágase tu Voluntad”, y repitámoslas hasta mil veces, repitámoslas siempre, que con ellas daremos más gusto a Dios que con todas las mortificaciones que podamos hacer. No hallaremos mejor manera de servirle que abrazándonos alegremente con su adorable Voluntad.
¿Padecer es servir?
San Juan de Ávila, escribiendo a un sacerdote enfermo, le dice: “No consideres, amigo, lo que harías estando sano, sino cuánto agradarás al Señor con contentarte de estar enfermo. Y si buscas, como creo que buscas, la Voluntad de Dios puramente, ¿qué más te da estar enfermo que sano, pues que su Voluntad es todo nuestro bien?”. Y tanto es así, que Dios es menos glorificado por nuestras obras que por nuestra aceptación a su santa Voluntad. Por eso decía San Francisco de Sales, que más se sirve a Dios padeciendo que obrando.
A veces nos faltarán el médico y las medicinas, o bien el doctor no acertará con nuestra enfermedad; pues también en esto debemos conformarnos con la santa Voluntad de Dios, que dispone así las cosas para nuestro bien y provecho.
Orar con humildad
Estando enfermo un devoto de Santo Tomás de Cantorbery, fue al sepulcro del Santo para rogarle que le concediera la salud. Al regresar a su patria, volvió en completa salud, pero entrando a pensar se dijo: ¿Para qué quiero la recobrada salud, si la enfermedad me ayudaba mejor para salvarme? Agitado con este pensamiento volvió a la tumba del Santo. Le pidió que intercediera ante Dios para que le concediera lo que más le convenía para su salvación. Apenas terminó esta plegaria, cayó enfermo y quedó a la vez muy consolado, seguro como estaba de que el Señor lo disponía así para su mayor bien.
Así, cuando estemos enfermos, lejos de pedir la salud o la enfermedad, debemos abandonarnos a la voluntad de Dios, para que disponga de nosotros como más le agrade. Con todo, si nos determinamos a pedir la salud pidámosla siempre con humildad, y a condición de que la salud del cuerpo no sea perjudicial a la de nuestra alma; de lo contrario nuestra oración será defectuosa y quedará sin respuesta, porque el Señor no acostumbra a oír las oraciones hechas sin resignación y sin humildad.
Prueba la virtud
En mi concepto, la enfermedad es la piedra de toque de las almas, porque a su contacto se descubre la virtud que un alma atesora. Si soporta la prueba sin turbarse, sin lamentarse ni inquietarse; si obedece al médico y a los superiores; si permanece tranquila y resignada a la Voluntad de Dios, es señal de que está bien fundada en la virtud. Pero, ¿qué pensar de un enfermo que prorrumpe en lamentos y se queja de que le asisten mal, que padece insoportables dolores, que no halla alivio en los remedios, que dice que el médico es un ignorante y que llega hasta murmurar de Dios, pensando que le carga con demasía la mano?
Un ejemplo de la vida de San Francisco
Refiere San Buenaventura en la vida de San Francisco que, estando un día el Santo probado por dolores espantosos, uno de sus religiosos, hombre por extremo ingenuo, le dijo: “Pide a Dios, Padre mío, que te alivie en tus dolores y que no cargue tanto sobre ti la mano”. Oyendo esto el santo, lanzó un suspiro y exclamó: “Sabe hermano, que si no estuviera persuadido de que hablaste por ingenuidad, no quisiera verte por más tiempo en mi presencia, por haberte atrevido a poner tu lengua en los juicios de Dios”. Y luego, aunque débil y extenuado por la enfermedad, besó el suelo diciendo: “Gracias te doy Señor, por los dolores que me envías, te suplico que me los aumentes, si es de tu agrado. Mi mayor gusto sería que me aflijas más, sin ceder un punto, porque en cumplir tu Voluntad, encuentro el mayor consuelo que puede experimentar en esta vida”.

EL DOLOR SALVÍFICO A LOS ENFERMOS

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EL DOLOR SALVÍFICO
A LOS ENFERMOS
(P. Marcos Pizzariello)[*]

Quisiera ahora llegar, por medio de estas líneas, a todos los que están sufriendo de alguna manera, para decirles que la única solución a su problema, es la fe vivida intensamente, con todas sus vibrantes y vivificantes consecuencias.
No es fácil saber sufrir cuando se tiene una fe lánguida; es imposible cuando se cree que los límites de la vida terminan definitivamente en la tumba. Sólo cuando se tiene una perspectiva de eternidad, sólo cuando se enfocan todas las vicisitudes de la existencia con una visión sobrenatural, el misterio del dolor humano tiene sentido.
Deseo estar al lado del enfermo recientemente operado; junto al que está angustiado y experimenta la sensación de que le falta oxígeno para respirar; quiero hablarle en voz baja y quedamente al que ya se ha declarado derrotado frente a las contrariedades. A todos ellos, que ahora pueden estar leyendo estas líneas o escuchándolas por boca de un familiar o amigo, quisiera decirles, que nosotros no tenemos en esta tierra ciudad permanente, que vivimos en tiendas de campaña, que somos futuro, que esta vida no es verdadera, sino la otra. Quisiera decirles, sí, decirles todo esto... Pero ¿qué repercusión pueden tener estas palabras en un alma sin fe y sin esperanza. Por estas almas hemos de elevar nuestra súplica al Altísimo, para que las fecunde con el don sobrenatural de la fe.
No dudo que muchos de mis lectores tienen fe, y no pocos de ellos necesitan una palabra de aliento en los momentos difíciles en que se encuentran. Para ellos quiero transmitirles la siguiente exhortación de autor desconocido y que dice:
Cuando todo se oscurece,
cuando el camino es difícil,
cuando la tristeza llama,
cuando la vida es pesada,
porque su carga la aplasta,
cuando la salud es pobre
porque Él permitió que fallara,
cuando al doblar un sendero
sólo las penas aguardan,
cuando las lágrimas corren
porque de adentro las mandan,
cuando todo se derrumba
porque las bases son malas,
cuando nos creemos solos
porque nadie nos ampara,
tomemos un Crucifijo,
y en él puesta la mirada,
contémosle nuestras penas,
que por ser nuestras se agrandan,
y hablemos de sufrimientos,
a Quien sufrió más que nadie,
y ofrezcamos nuestras lágrimas,
a Quien lloró de sangre;
y Quien jamás nos faltará,
aunque creímos su falta,
nos consolará diciendo:
“Desde aquí yo te acompaño,
eres mi hermano por hombre,
pues hijo eres de mi Padre...
Y esta Cruz yo la he elegido
por amarte más que nadie.
Carga la tuya y me sigues
confía en Mí, no desmayes”.


NOTA:
[*] Marcos Pizzariello, S.J., Mensajes Espirituales, Lumen 1989,p. 55-57.

Saturday, March 5, 2011

OMNIPOTENCIA DE DIOS

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OMNIPOTENCIA DE DIOS

Dios puede hacer todo lo que desee o decida hacer. Decidir y hacer es para Dios un mismo acto (cf. Sal. 147, 5). Dios no puede hacer lo que no desee hacer. No puede hacer algo malo; tampoco puede contradecirse o crear algo contradictorio (un círculo cuadrado, por ejemplo).

Por ser omnipotente, Dios es el Todopoderoso. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que, de todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia es nombrada en el Credo o Símbolo de los Apóstoles. (Catecismo de la Iglesia Católica #268). Y lo menciona dos veces. Por algo será … (ver Esencia Física de Dios)

Veamos: la Omnipotencia Divina no es un concepto lejano o poco importante para nuestra vida cristiana. Tampoco puede ser un concepto intimidante (por ejemplo, temer el infinito poder de Dios). Por el contrario, nos dice el Catecismo, que confesar ese atributo divino “tiene gran alcance para nuestra vida”.

Y nos explica por qué. Porque Dios ha creado todo, rige todo y lo puede todo. Es decir su Omnipotencia es universal, o sea que abarca todo. Pero, adicionalmente, no olvidemos que ese poder divino es amoroso, porque Dios es nuestro Padre (cf. Mt. 6, 9), y misterioso porque sólo lo descubrimos en la fe y se manifiesta en nuestra debilidad (2 Co. 12, 9 y 1 Co. 1, 18).

Demostrar el poder infinito de Dios es innecesario. Sólo con conocer algo del universo extraterrestre y del planeta tierra, quedamos admirados. Por las distancias que nos separan de otros planetas, así como el tiempo que tardan las naves espaciales en llegar a ellos, podemos intuir el poder divino.

Para darnos una idea de la inmensidad del poder de Dios, pensemos que algunos de esos astros son tanto más grandes que el sol, que si ocuparan el espacio de éste, tardaríamos en observar su levante desde la tierra más el tiempo que el que el sol tarda en levantarse y ponerse.

Dios, por supuesto, puede hacer cosas que son imposibles para los hombres. Son los milagros, en los que las leyes de la naturaleza puestas por Dios mismo, son suspendidas y/o superadas por El.
        

Aparte de los milagros de Jesús, en la Biblia tenemos muchísimos más ejemplos del poder divino.

Los tres jóvenes preservados del fuego en el horno ardiente (Dn. 3) o Daniel librado de los leones en el foso (Dn. 6, 10-24). Y San Pedro librado del la prisión (Hch. 12, 1-19).

Como puede verse por los relatos, en estos tres casos, Dios ejerció su Omnipotencia a través de Angeles. Pero Dios tiene muchísimas maneras de actuar con su poder infinito por medio de otros o también directamente: el paso del Mar Rojo, las maravillas en los 40 años del pueblo de Israel por el desierto, etc.

La Omnipotencia Divina aparece no sólo presente en muchas narraciones bíblicas, sino expresamente apoyada con textos específicos:

"Y dijo Yavé a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara? ¿Por qué ha dicho: Cómo voy a tener un hijo ahora que soy vieja? ¿Hay acaso algo imposible para Yavé?” (Gn. 18, 13-14).

“Yavé hace cuanto quiere en los cielos, en la tierra, en el mar y en todos los abismos” (Sal. 134, 6).

“Tú has hecho los cielos y la tierra con el gran poder de tu brazo; nada es imposible para Ti” (Jer. 32, 17).

“Yo soy Yavé, Dios de todos lo vivientes. ¿Hay algo imposible para mí? (Jer. 32, 27).

“Respondió Job diciendo: Sé que lo puedes todo y que no hay nada que te cohiba” (Job, 42, 2).

“Pues todo el mundo es delante de ti como un grano de arena en la balanza y como una gota de rocío de la mañana, que cae sobre la tierra. Pero tienes piedad de todos, porque todo lo puedes” (Sb. 11, 23-24).

“Para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).

“Porque para Dios nada es imposible” (Lc. 1, 37).
        

Aclaremos un poco más lo posible y lo imposible para Dios. Dios puede realizar todo lo que sea intrínsecamente (metafísicamente) posible, o sea, puede hacer todo aquello que no implique una contradicción. Por ejemplo, no es posible que la luz de una vela esté prendida y apagada a la vez, porque esto encierra una contradicción.

Por lo tanto, las contradicciones no están comprendidas dentro de la Omnipotencia Divina. Y es más correcto decir que tales cosas no pueden ser hechas, en vez de decir que Dios no puede hacerlas.

Dios no puede “negarse a Sí mismo” (2 Tim. 2, 13). Dios no puede no existir. Tampoco Dios puede pecar. Porque Dios no puede fallar en su acción o realizar una acción defectuosa.

Ahora bien, la mayor muestra de la Omnipotencia Divina está en la Misericordia de Dios y en el poder de perdonar los pecados.

Lo dijo Jesucristo al curar al paralítico y ser criticado secretamente por los maestros de la Ley: “Qué es más fácil: decir ‘Queden perdonados tus pecados’ o ‘Levántate y anda’. Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados” (Mt. 9, 5-7).

Lo dice el Libro de la Sabiduría: “Tienes piedad de todos, porque todo lo puedes” (Sb. 11, 24).

Y esto lo corrobora la Liturgia de la Iglesia en una oración de la Santa Misa: “Dios manifiesta en grado máximo su Omnipotencia, perdonando y usando de su Misericordia”.

Así que, aunque nos impresionen y sobrecojan las muestras que conocemos del poder infinito de Dios, el perdonar nuestros pecados, sanar nuestra alma enferma a causa de éstos e irnos purificando de sus consecuencias para llevarnos a la santidad es la muestra máxima de la Omnipotencia Divina.

ORACION

¡Oh Dios! El Todopoderoso.
Tú que todo lo puedes,
pero deseas que vayamos a ti,
no forzados por tu poder,
sino atraídos por tu Amor,
enséñame a amarte a Ti y a mis hermanos, todos hijos tuyos.
Y, ya que todo lo puedes,
perdona mis pecados contra Ti
y contra los demás.
Amén.

La importancia de la Alabanza

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Alabanza a Dios

– La importancia de la Alabanza

La alabanza a Dios es algo que ofrecemos en reconocimiento de la excelencia de Dios. Podrías pensar que alabar es lo mismo que decir “gracias”, pero existe una diferencia. El agradecimiento describe nuestra actitud hacia lo que Dios ha hecho, mientras que la alabanza es ofrecida por quien es Dios. El Salmo 18:13 dice, “Invocaré a Yahvé, quién es digno de ser alabado...”

¡A todos los creyentes se les manda a que alaben a Dios! De hecho, Isaías 43:21 explica que la alabanza es una de las razones por las cuales fuimos creados, “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.” Hebreos 12:15 confirma esto: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesús, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre.”

La alabanza se origina en un corazón lleno de amor hacia Dios. Deuteronomio 6:5 dice, “Y amarás a Yahvé tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” ¿Eres cristiano? Si es así, sabes que amas a Dios porque ¡Él te amó primero! Sin el amor de Dios, cualquier alabanza que puedas ofrecerle es hueca. El amor, nacido de una relación con Dios a través de Jesucristo, es una parte esencial de tu alabanza.

Alabanza a Dios

– Cómo Alabar a Dios
¿Cómo puedes alabar a Dios?
¿Qué debes hacer para que la alabanza sea una parte integral de tu vida? La alabanza puede ser expresada en una canción, en verso (poesía), o en oración ¡y debe ser continua! El Salmo 34:1 instruye, “Bendeciré a Yahvé en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.” El Salmo 71:6 dice, “En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza.”

La alabanza hacia Dios es expresada externamente a través de nuestras acciones diarias, de igual modo internamente en nuestros pensamientos. La alabanza es un acto de adoración cristiana.

“¿Dónde comienzo?,” te preguntarás. “¿Cómo empiezo a alabar a Dios?” Si alabar a Dios es algo nuevo para ti, trata de alabarle por lo que Él es para ti personalmente. ¡Proclama que la bondad de Dios es sin medida; es abundante e inmensurable! A continuación, algunas maneras para comenzar:

    * Alaba a Dios por Su santidad, misericordia y justicia (2 Crónicas 20:21, Salmos 99:3-4)
    * Alaba a Dios por Su gracia ( Efesios 1:6)
    * Alaba a Dios por Su bondad (Salmos 135:3)
    * Alaba a Dios por Su cuidado (Salmos 117)
    * Alaba a Dios por Su salvación (Efesios 2:8-9)

¡La alabanza a Dios puede ser ofrecida en cualquier lugar! Con el tiempo, será tan normal como respirar. A veces alabamos a Dios interiormente como en el Salmo 9:2, “Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo.” En otras ocasiones tenemos la oportunidad de dar gloria y alabanza a nuestro Dios públicamente. El Salmo 22:22 dice, “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré.” ¡Busca oportunidades para llevar alabanza a Dios!

Alabanza a Dios -- ¿Quién Alaba a Dios?


¡La alabanza a Dios, que es ofrecida particularmente por Sus hijos como una expresión libre de sus corazones agradecidos, será algún día ofrecida por todos! La Biblia dice que cuando Él regrese, toda la humanidad le alabará y lo reconocerá como Señor. Él es Rey de toda la tierra. Cuando reconocemos a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, nuestros corazones anhelan alabar Su nombre. Filipenses 2:9-11 nos dice que Su nombre representa Su ser, describiendo quién es Él, “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

La Biblia también dice:

    * Toda la naturaleza alaba a Dios (Salmos 148:7-10)
    * El sol, la luna y las estrellas le alaban (Salmos 19:1 y 148:3)
    * Los ángeles le alaban (Salmos 148:2)
    * Aún la ira de los hombres es usada por Dios para Su alabanza (Salmos 76:10)
    * A los niños hay que enseñarles a alabar a Dios (Salmo 78:4)

Alabanza a Dios -- ¿Proclamas Su Alabanza?
Tu alabanza a Dios es evidenciada a través de tu salvación. 1 Pedro 2:9 dice, “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”

¿Cómo le ofreces alabanza a Dios hoy? ¿Lo conoces como tu Salvador y Señor? Si no, ¿por qué no empezar ahí? Aprende más acerca de la salvación. Cuando otros te miran, ¿ven un reflejo de la alabanza a Dios? El Salmo 113:3 declara, “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Yahvé.”

Su Santidad Juan Pablo II

      
Su Santidad Juan Pablo II
Breve Biografía



Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920. Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.


Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.


A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.


Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.


Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.


En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.


El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.


El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967, con el título de San Cesareo en Palatio, Diaconía elevada pro illa vice a título presbiteral.


Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.


Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.


Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.


Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones: más de 17.600.000 peregrinos participaron en las 1166 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa encontró durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.


Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. En las 19 ediciones de la JMJ celebradas a lo largo de su pontificado se reunieron millones de jóvenes de todo el mundo. Además, su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994.


Juan Pablo II promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en varias ocasiones a encuentros de oración por la paz, especialmente en Asís.


Bajo su guía, la Iglesia se acercó al tercer milenio y celebró el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas indicadas por él en la carta apostólica Tertio millennio adveniente; y se asomó después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que mostraba a los fieles el camino del tiempo futuro.


Con el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, promovió la renovación espiritual de la Iglesia.


Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia.


Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio.


Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).


Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.


Promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, a la luz de la Revelación, autorizadamente interpretada por el Concilio Vaticano II. Reformó el Código de Derecho Canónico y el Código de Cánones de las Iglesias Orientales; y reorganizó la Curia Romana.


Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005).


Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina.


Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro.


El 28 de abril, el Santo Padre Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de 2005.

Habias visto asi a Su Santidad Juan pablo II?

Habias visto asi a Su Santidad Juan Pablo II?

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Sonriendo muy divertido..


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Poniendose Los lentes de Bono del Grupo U2..

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Con Sombrero Charro Mexicano..



http://ferminjgm.files.wordpress.com/2010/05/juanpabloii011.jpg

Juan Pablo II
Mayo 18 de 1920 - Abril 2 de 2005