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Monday, February 10, 2014
SÚPLICAS DE JUAN PABLO II
"Enséñanos también a nosotros, te pedimos, la humildad del corazón para formar parte de los pequeños del Evangelio, a quienes el Padre les ha prometido revelar los misterios de su Reino.
"Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca, seguros de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.
"Danos una mirada de fe capaz de capaz de reconocer con prontitud en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.
"Apóyanos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.
"Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y nuestra".
"Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria bienaventurada, donde esperamos llegar también nosotros para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
(Oración pronunciada por Juan Pablo II en la Misa de canonización del padre Pío celebrada el 16 de Junio de 2002)
Thursday, February 6, 2014
¿Qué Hacer Ante el Abatimiento y el Dolor en Esta Vida?
Pregunta:
Tengo 43 años y me siento abatida, como si estuviera muerta en vida, lucho, lucho, pero no tengo suerte. ¿Qué me puede aconsejar?
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Respuesta:
Estimada:
Durante un viaje de Juan Pablo II a España, en la vigilia de Cuatro Vientos, con los jóvenes se dieron 3 testimonios realmente conmovedores. Pero debieron dejarse de lado otros, para no cansar al Papa y a los asistentes. Sin embargo, esos testimonios quedaron escritos. Entre ellos estaba el de Lourdes Cuní quien había previsto decir al Santo Padre lo siguiente: 'Soy Lourdes, disminuida física. Mi discapacidad me afecta al habla. No puedo hablar y tampoco puedo andar; por ello debo utilizar una silla de ruedas'. 'Durante mucho tiempo he vivido angustiada. A menudo me he preguntado cuál era el sentido de mi vida y por qué me ha pasado esto a mí. Esta pregunta ha sido constante y la prueba ha sido dura. Durante años la única respuesta ha sido descubrir cada mañana que estaba siempre en el mismo sitio: atada a una silla de ruedas. A veces he sentido que me habían arrancado la esperanza. Me sentía como si llevara una cruz, pero sin el aliento de la fe', había escrito.
La joven seguía diciendo: 'Un día descubrí a Jesucristo y cambió mi vida. El Señor con su gracia me ayudó a recobrar la esperanza y a caminar hacia delante. Ahora, cuando veo a otros jóvenes enfermos al lado mío pienso que mi cruz es muy pequeña comparada con la de ellos, y me gustaría mostrarles cómo yo encontré al Señor para transformar su dolor en un camino de esperanza, de vida y de santidad'.
Finalmente decía al Santo Padre: 'Sé que mi silla de ruedas es como un altar en el que, además de santificarme, estoy ofreciendo mi dolor y mis limitaciones por la Iglesia, por Vuestra Santidad, por los jóvenes y por la salvación del mundo [...] En mi Vía Crucis me siento alentada por el testimonio de Vuestra Santidad, que lleva también sobre sus hombros la cruz de la enfermedad y de las limitaciones físicas y, además, el dolor y el sufrimiento de toda la humanidad. ¡Gracias, Santo Padre, por su ejemplo!'.
Nuestras cruces y sufrimientos son ciertamente menos graves que los de estas personas. Cambia algo muy importante: la fe. Pida la gracia de la fe y el aumento de la fe. No se deje vencer; en el misterio de la cruz, del abatimiento y del dolor cotidiano, se esconde también el secreto de la alegría en esta vida y el ciento por uno para la otra.
En Cristo y María
Monday, February 3, 2014
EL TRIUNFO ES DE QUIEN SE ESFUERZA.
ESFORZARTE CON RENOVADA ILUSIÓN ES MI INVITACION AMIGO.
ESTA SEMANA QUE DIOS NOS OTORGA ESTA PROYECTADA PARA QUE DE LA MANO DE DIOS ALCANCES PROGRESO Y REALIZACIÓN EN TU VIDA.
ENTENDIENDO QUE LA REALIZACIÓN Y EL PROGRESO HUMANOS NO SE VAÚAN SOLAMENTE CON CRITERIOS ECONÓMICOS O DE EXITO MUNDANO SINO EN EL DESARROLLO PLENO DE TODAS LAS CAPACIDADES QUE DIOS HA PUESTO EN TI COMO TU RIQUEZA PERSONAL Y COMO DON PARA LOS DEMÁS.
TU FAMILIA CUENTA CONTIGO, LA IGLESIA CUENTA CONTIGO, PORQUE DIOS ESTA CONTIGO DA TODO LO QUE HAY EN TI.
PAZ Y BENDICIÓN.
P. Guadalupe Santos y Heraldos de la paz.
Monday, January 27, 2014
PERDONAR ES SANAR: Una experiencia liberadora
Autor Marcelo Martin.
Hoy quiero hablarles del perdón. Lo que aquí les comparto lo aprendí, y experimenté, siendo un jovencito de 17 años en un retiro que hice con el P. Robert de Grandis, allá en Caracas a principios de los ochenta. La experiencia sanadora del perdón, a pesar de los altibajos de mi historia, creo que ha marcado mi vida. Hoy en la tarde, después de venir de La Laguna, me acordé de un pequeño artículo que escribí hace unos años para la web guanchejoven y sentado frente al ordenador he "tuneado" mis propias líneas. Esto es lo que me ha salido.
Perdonar, una exigencia del Evangelio
Jesús en este punto es, sencillamente, contundente. Frente a las ofensas que recibo de los demás, el Señor me invita a dar una respuesta que, lo confieso, me sacude por dentro: ¡perdona a tu hermano! No se trata de un consejito moral, que puedo seguir para andar por esta vida de buen rollito. No, la verdad, no siempre puedo estar haciendo el papel del tío “guay” de la partida. Frente a los problemas en mis relaciones con los “otros”, el Señor no me dice que “pase” sin más, como si nada hubiera ocurrido. Más bien se me pide que reconozca la ofensa recibida, en toda su dolorosa verdad, y que la perdone, imitando así a Jesús que continuamente me perdona y recibe.
Thursday, January 23, 2014
ORACION DE UN ENFERMO, JUAN PABLO II
Señor, Tú conoces mi vida y sabes mi dolor. Has visto mis ojos llorar, mi rostro entristecerse.
Mi cuerpo lleno de dolencias y mi alma traspasada por la angustia.
Lo mismo que te pasó a ti cuando, camino de la cruz, todos te abandonaron.
Hazme comprender tus sufrimientos y, con ellos, el amor que Tú nos tienes.
Y que yo también aprenda que uniendo mis dolores a los tuyos, tienen un valor redentor por mis hermanos.
Ayúdame a sufrir con amor, hasta con alegría.
Si no es posible que “pase de mí este cáliz” te pido por todos los que sufren:
Por los enfermos como yo, por los pobres, los abandonados,
los desvalidos, los que no tienen cariño ni comprensión y se sienten solos.
Señor, has que estas dolencias que me aquejan me purifiquen, me hagan más humano,
Me transformen y me acerque más a Ti.
Amén.
Juan Pablo II
Monday, January 13, 2014
Pregunta al Padre Joseph Burtka, L.C.
¿Y si no me gusta rezar?
Pregunta: Estimado Padre Joseph, quizá éste no sea el lugar (o el blog) para plantear esta pregunta, pero ¿qué le diría usted a alguien que "no le gusta rezar"? No estoy diciendo que debe ser algo placentero, entretenido, etc., pero yo jamás siento ningún deseo de rezar y cuando lo hago es algo incómodo, insípido y motivado sólo por algún sentido de obligación. Supongo que será una obligación legítima... pero sólo siento que estoy hablando conmigo mismo. Nunca he tenido ninguna clase de experiencia espiritual ni al orar ni en ningún otro momento. Además, todo lo que he leído parece decir que las formas de oración de petición son más bien indebidas, que no debe pedirse nada. Entonces, me siento confundido...
...Estoy intrigado (y la verdad gratamente sorprendido) por la sugerencia de rezar al menos 5 minutos diariamente que hace en un artículo anterior, porque yo hubiera pensado que cualquier persona que lee este blog ya estaría rezando diariamente y probablemente mucho más de 5 minutos. Creo que sobrestimé.
De cualquier forma, disfruto los interesantes correos en este blog. Disculpe si mi(s) pregunta(s) son ofensivas de algún modo... No soy católico, sólo soy un pagano que está considerando la idea de convertirse... de ahí que lea blogs católicos como éste.
Responde el Padre Joseph Burtka, L.C
Respuesta: Cuando leí tu pregunta por primera vez, pensé en las muchas personas que conozco y que de manera particular no les «gusta» rezar durante varias veces al día o durante algunos períodos de su vida, porque sus mentes están ocupadas en otros asuntos o porque tienen preocupaciones y dificultades prácticas o simplemente porque están cansados y no se sienten con ganas de rezar.
Sin embargo, tu pregunta es más profunda porque habla sobre no tener el gusto de rezar «en lo más mínimo».
Por las limitaciones de la correspondencia electrónica y al no tener la posibilidad de una reunión en persona para preguntas posteriores, mi mejor intento de una respuesta para tu dilema (el cual por cierto no es raro) sería la necesidad de ahondar en un conocimiento más profundo de Dios.
El antiguo adagio «No se puede amar lo que no se conoce» está en el centro del problema. Si Dios es alguien muy extraño para mí o si yo sé muy poco de Él, o si - hablando hipotéticamente - Dios simplemente no tiene influencia en mi vida, entonces la oración se va a dificultar y va a parecer como que «estoy hablando conmigo mismo».
Yo recomiendo llegar a conocer más a Dios, y especialmente la persona de Jesucristo. Sólo el llegar a conocerlo –la revelación del Padre- llevará, con toda seguridad, tu corazón a amarlo. No creo que sea necesario comenzar con teología profunda –sólo tienes que tomar un libro sobre la vida de Cristo y ver quién es Él, cómo trató a las personas, el amor que tuvo para todos, hombres y mujeres.
El Evangelio es impresionante. Es el libro ideal con el que se inicia, pero también hay otros que narran la vida de Cristo de una manera sencilla y completa y sirven para enriquecer nuestra comprensión. Yo recomiendo Conocer a Jesucristo de Frank Sheed, pero hay muchos, muchos más.
Por la manera como planteas tu pregunta, me parece que nuestro Señor está buscándote. Tú no eres católico, estás pensando sobre cosas espirituales, estás deseando saber más sobre la oración. Estas cosas no suceden de la nada, así que pienso que te encuentras en una situación muy favorable y que definitivamente Dios bendecirá todos tus buenos deseos.
Sólo una palabra más sobre la oración de petición. Ésta no sólo es una forma muy válida de oración, sino que en muchos pasajes del Evangelio, el Señor mismo nos exhorta a pedir... y pedir muchas veces, sin darnos por vencidos. «Pide y recibirás» es sólo un ejemplo. Mi favorito es la oración del Señor, el padrenuestro, que está llena de peticiones –algunas para Dios mismo (santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad) y algunas para nosotros (danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal). Dios es el Padre bueno por excelencia y le gusta escuchar que sus hijos le pidan. Sólo experimentarás su gozo si le pides por tus necesidades.
Tomado de http://www.la-oracion.com.
Pregunta: Estimado Padre Joseph, quizá éste no sea el lugar (o el blog) para plantear esta pregunta, pero ¿qué le diría usted a alguien que "no le gusta rezar"? No estoy diciendo que debe ser algo placentero, entretenido, etc., pero yo jamás siento ningún deseo de rezar y cuando lo hago es algo incómodo, insípido y motivado sólo por algún sentido de obligación. Supongo que será una obligación legítima... pero sólo siento que estoy hablando conmigo mismo. Nunca he tenido ninguna clase de experiencia espiritual ni al orar ni en ningún otro momento. Además, todo lo que he leído parece decir que las formas de oración de petición son más bien indebidas, que no debe pedirse nada. Entonces, me siento confundido...
...Estoy intrigado (y la verdad gratamente sorprendido) por la sugerencia de rezar al menos 5 minutos diariamente que hace en un artículo anterior, porque yo hubiera pensado que cualquier persona que lee este blog ya estaría rezando diariamente y probablemente mucho más de 5 minutos. Creo que sobrestimé.
De cualquier forma, disfruto los interesantes correos en este blog. Disculpe si mi(s) pregunta(s) son ofensivas de algún modo... No soy católico, sólo soy un pagano que está considerando la idea de convertirse... de ahí que lea blogs católicos como éste.
Responde el Padre Joseph Burtka, L.C
Respuesta: Cuando leí tu pregunta por primera vez, pensé en las muchas personas que conozco y que de manera particular no les «gusta» rezar durante varias veces al día o durante algunos períodos de su vida, porque sus mentes están ocupadas en otros asuntos o porque tienen preocupaciones y dificultades prácticas o simplemente porque están cansados y no se sienten con ganas de rezar.
Sin embargo, tu pregunta es más profunda porque habla sobre no tener el gusto de rezar «en lo más mínimo».
Por las limitaciones de la correspondencia electrónica y al no tener la posibilidad de una reunión en persona para preguntas posteriores, mi mejor intento de una respuesta para tu dilema (el cual por cierto no es raro) sería la necesidad de ahondar en un conocimiento más profundo de Dios.
El antiguo adagio «No se puede amar lo que no se conoce» está en el centro del problema. Si Dios es alguien muy extraño para mí o si yo sé muy poco de Él, o si - hablando hipotéticamente - Dios simplemente no tiene influencia en mi vida, entonces la oración se va a dificultar y va a parecer como que «estoy hablando conmigo mismo».
Yo recomiendo llegar a conocer más a Dios, y especialmente la persona de Jesucristo. Sólo el llegar a conocerlo –la revelación del Padre- llevará, con toda seguridad, tu corazón a amarlo. No creo que sea necesario comenzar con teología profunda –sólo tienes que tomar un libro sobre la vida de Cristo y ver quién es Él, cómo trató a las personas, el amor que tuvo para todos, hombres y mujeres.
El Evangelio es impresionante. Es el libro ideal con el que se inicia, pero también hay otros que narran la vida de Cristo de una manera sencilla y completa y sirven para enriquecer nuestra comprensión. Yo recomiendo Conocer a Jesucristo de Frank Sheed, pero hay muchos, muchos más.
Por la manera como planteas tu pregunta, me parece que nuestro Señor está buscándote. Tú no eres católico, estás pensando sobre cosas espirituales, estás deseando saber más sobre la oración. Estas cosas no suceden de la nada, así que pienso que te encuentras en una situación muy favorable y que definitivamente Dios bendecirá todos tus buenos deseos.
Sólo una palabra más sobre la oración de petición. Ésta no sólo es una forma muy válida de oración, sino que en muchos pasajes del Evangelio, el Señor mismo nos exhorta a pedir... y pedir muchas veces, sin darnos por vencidos. «Pide y recibirás» es sólo un ejemplo. Mi favorito es la oración del Señor, el padrenuestro, que está llena de peticiones –algunas para Dios mismo (santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad) y algunas para nosotros (danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal). Dios es el Padre bueno por excelencia y le gusta escuchar que sus hijos le pidan. Sólo experimentarás su gozo si le pides por tus necesidades.
Tomado de http://www.la-oracion.com.
Sunday, January 12, 2014
ORACIÓN PARA LA SALUD DE UN HIJO ENFERMO
Amado Señor, tú conoces el corazón de tus hijos, y no te quedas indiferente ante el pobre que te suplica. Tú sabes lo que nos aflige el bienestar de nuestros niños, tu comprender la preocupación de los papás ante la enfermedad de alguno de sus hijos. Vengo hoy, como el funcionario real del Evangelio, a pedirte que desciendas y sanes a nuestro niño/a (nombre con fe al niño/a enfermo por quien se está orando de manera especial y el mal que lo aqueja).
Aún desde la preocupación que nos causa su enfermedad, desde el dolor y el desconcierto, si esta enfermedad está dentro de lo que tu permites, aceptamos este momento como ocasión de purificación, de abandono en tus manos, de ofrecimiento generoso de nuestras vidas. Aceptamos este momento como una ocasión para unirnos desde el sufrimiento a los dolores de Cristo por la salvación del mundo (Colosenses 1, 24) (Tómese unos minutos y, en calma, que su corazón se una a lo que acaba de decir con sus labios: “con este sufrimiento, me uno, Señor, a tu pasión…”)
Ahora, Señor, a ti que quieres que tengamos vida en abundancia, te pido que por el poder del misterio de tu infancia y tu vida oculta en el hogar de Nazaret, sanes al niño/a a quien tú conoces y amas. Cuida de su cuerpito y de su alma. Pasa tu mano sanadora sobre él para que sienta tu alivio, tus cuidados y se restablezca prontamente, según tu voluntad.
Tú, que recibiste los amorosos cuidados de María y José, consuela y reanima a su papá y a su mamá, no dejes que caigan en la desesperación, en la duda, en la depresión, sino que desde su dolor y preocupación recurran a ti como fuente de verdadera, plena, y duradera sanación del cuerpo y del alma.
Te presentamos el lugar donde se encuentra el niño, reviste ese sitio con tu fuerza y gracia. Aleja de allí todo lo que, material o espiritualmente, puedan ser un obstáculo para la pronta recuperación.
Te presentamos los profesionales médicos que atienden al niño, revístelos con tu sabiduría, ilumínalos para que logren dar con acierto en el diagnóstico y encuentren la medicación y tratamiento indicado. Tómalos como instrumentos de tu sanación.
María, madre de Jesús y madre nuestra, que con esmero y constancia, cuidabas de tu niño, mira el corazón de la madre e infúndele confianza, para que también ella, como tu, pueda ver crecer a su hijo en estatura, sabiduría y gracia, delante de Dios y de los hombres.
Querido San José, tú que fuiste el protector de la Sagrada Familia, y la defendiste de todos los peligros y hasta de la muerte segura en la persecución de Herodes, te presento al papá de esta criatura, intercede ante tu amado Hijo Jesús, para que logre mantenerse fuerte aún en el dolor y la preocupación. Que logre conseguir los medios necesarios para la buena atención de su hijo/a. ayúdalo a no decaer y a mantenerse lúcido a la voluntad de Dios.
Señor, tu dijiste que creyéramos que ya hemos obtenido lo que te pedimos con fe en oración, ahora levanto mi voz y mis brazos para darte gracias por la salud que recibirá este niño por el poder de tu amor que escucha esta oración confiada. Reconocemos que ya estás actuando y sanando. Como el funcionario del Evangelio, nosotros también reconoceremos que es en este mismo momento que estas restableciendo salud y bienestar. Te alabo en fe. Te reconozco Señor y Salvador de nuestras vidas, sin ti estamos perdidos. Te amamos Señor y reconocemos tu grandeza. A ti la gloria por los siglos sin fin. Amén.
(Padrenuestro, Ave María, Gloria)
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